Panorama de la décima guajira en Cumanayagua

Por Yusbiel de J. León

El calor asediaba las aguas del Mar Caribe cuando una voz gritó: tierra a la vista; por fin tocaba la tierra más bella que ojos humanos han visto el Almirante Cristóbal Colón

y con él España arrastró al nuevo mundo una forma de vida diferente junto a nuevas tradiciones que fueron impuestas por la ley del más fuertes a los nativos.
Así se fue prendiendo en nuestro suelo, la guitarra, el laúd y el cuero de un tambor que tantas noches alivió el dolor de un negro esclavo. La décima amenizó con ellos el duro trabajo de campo, y de guateque y canturía y alumbrado se vestía a medida que se iba moviendo de Oriente a Occidente y de este al otro al compás del desplazamiento económico. Así se individualizó por regiones y fue tomando matices que la diferencian actualmente sin dejar de ser la misma.
En la Región Central, la décima encontró la armonía y la melodía del punto cruzado y punto libre. Acogida a estos términos la tonada Carvajal echó raíces en la voz de un excelente improvisador y tonadista cubano nacido en El Abra de Castellón (Localidad perteneciente al municipio de Cumanayagua)  “Luis Gómez Martínez”, tanto así que es reconocido como el Rey de la Tonada Carvajal. Otros no menos gloriosos han puesto a nuestra tierra en lo más alto del repentismo cubano entre ellos Pablo Marrero Cabello y Américo Valdés (El Tomeguín), desaparecidos ya físicamente.
Al sentir en lo más hondo que sobran motivos para honrar la décima guajira, creo que no hemos cumplido con la sentencia martiana “Honor a quien honor merece”.
Comencemos con unas simples preguntas: ¿Qué conocemos de la décima guajira?, ¿Qué espacio tiene? ¿Qué calidad y qué esfuerzos se han hecho para mejorarla?, y las respuestas no se harán esperar.
El conocimiento actual de la décima guajira ha dejado de ser empírico para convertirse en académico y supuestamente todos la conocen, sin darse cuenta de que están lejos de entenderla. Hay que situarse solamente al otro lado del escenario para ver Jornada tras Jornada de Cultura a las mismas figuras nacionales amenizar tan importante momento, en nombre de la música campesina, a expensas de un falso criterio de la calidad  porque  no son los únicos ni los mejores exponentes de los géneros en que incursionan, sin hacer mención a que no son y rara vez vienen acompañados de poetas improvisadores, hecho que generalmente vuelve a poner la décima guajira como “La Cenicienta” de las fiestas.
Tiene Cuba infinidad de talentos en la improvisación y por no estar formando parte del elenco de Palmas y Cañas no dejan de ser excelentes poetas, basta con nombrar a Luisito Quintana, Iran Caballero, Sindy Manuel, Raúl Herrera, Islay Madruga entre otros, que penosamente nunca han tocado nuestro suelo, eso sin mencionar que la variabilidad de los elencos artísticos es un fantasma que ha frenado el pensamiento de los programadores. 
El espacio que se dedica en Cumanayagua, está muy lejos de vender desde su posición geográfica, ese amor que por motivos de toda índole se le ha perdido a la décima; habrá que pregunta quién la asesora, en qué condiciones y con qué financiamiento funciona, cuántas veces en el año invita un poeta de otro municipio u otra provincia, qué divulgación se le da, qué calidad se oferta en ella; penosamente las respuestas tienen un sentido negativo en todas las aristas y así no se puede querer nada porque lo que no se siembra, ni nace ni crece; pero lo más triste es que la voluntad de los que pueden ayudar es siempre mínima, con una serie de escollos en el camino que rara vez deja llegar al objetivo. Curiosamente es Cumanayagua el único municipio de esta provincia que no tiene un poeta repentista calificado por el centro de la música como profesional.
Recientemente se ha inaugurado el taller de repentismo infantil en nuestra localidad y ha comenzado a dar frutos, pero con una serie de objeciones de índole espiritual y material que no permiten plenamente su desarrollo, porque a veces las sugerencias inteligentes son sombras para los que desconocen.
Ojalá se vuelva realidad el sueño para que los grandes ausentes se sientan orgullosos de que la semilla que sembraron ha sido cultivada y que ha dado frutos para bien: solo se necesita para eso que la décima comience a formar parte de nuestros corazones.