Madre del hijo…

Por Elizabeth Álvarez

Como la brisa que acaricia la copa de un árbol
esgrimes la fantasía de tus años mozos;
se columpian los sueños
como bandadas de golondrinas,
emergiendo en tu rostro
los hijos que correrán a tu encuentro,
tras el perro de la casa
y en pos de los misterios familiares
que se guardan en cajas empolvadas
de una abuela anhelante de caricias.
Y es la suerte que no te ha precedido,
es la bruma que pernocta en tu coraje
porque al hijo se le han roto sus alas
y es el tiempo de gritar por la duda.
Ya no eres la madre de un insigne personaje
que solía correr por la pradera
con ese brío que da la adolescencia
y eres madre de un niño inerme
que solo reclama tu presencia
con el amor que te conduce a un destino:
el destino heroico de una MADRE.