Imprudente amor

Por Iruán L. Cordero

Me conociste frío, inmóvil
como una fotografía.
Te me acercaste acompañada,
mas los vértigos de febrero
te despertaron bajo mis sábanas.
No dudaste;
yo, no lo pensé,
y hoy brotamos más fuego
que un volcán en erupción;
aunque nuestro humo
pudiera molestarle a alguien,
no importa:
imprudentemente nos amamos.


Alma de guerrero


Si pudiera desconectar mi alma,
mi hombría, mi último poema,
el lugar donde se guarda el vino
y esta barba y aquella camisa,
y olvidarme al fin de esa mujer
que sigue echando humo
todavía.

Fuimos un gran escándalo de furia,
un gran escándalo de amor,
una caricia sin olvido,
un cataclismo interminable
y lo seguiremos siendo:
si dentro de una lágrima tuya,
¿puede caber mi nombre todavía?

Mujer,
si supieras
que después del suspiro
en un peldaño cualquiera de la noche
un hombre con mi rostro
clama
por tu boca.