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Raquel Viejobueno Rodríguez

(nace un veinticinco de Julio de mil novecientos setenta y dos en Almonacid de Zorita, provincia de Guadalajara, España.) La lectura forma parte de su crecimiento y desde muy temprana edad comienza a escribir. En un principio relatos cortos, hasta que con la edad de dieciocho años realiza su primera novela titulada "Voces". Nunca llegó a ver la luz, como otras composiciones, tanto en prosa como en verso, pero que sirvieron de pilares para la construcción de lo que sería más tarde el nido de su literatura. Enamorada de los clásicos, empieza su andadura paralela a sus estudios de Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid, y antes de ingresar en los estudios superiores, ya había recorrido los siglos, desde el inicio de diferentes literaturas, como la egipcia, griega, romana, y fundamentalmente la literatura y cultura hebrea, que años más tarde, le serviría para entenderse mejor a sí misma y construir relatos y novelas cortas, e incluyó composiciones en verso en base a la simbología de la voz hebrea.
Desde los primeros pasos de las Jarchas populares, pasando por los Mesteres de Juglaría y Clerecia, y los Cantares de Gesta, fue elaborando un compendio de lo que para su entender representaba la literatura.
Lectora incondicional de Jorge Manrique y Marqués de Santillana, como Juan de Mena, le llevó a la lectura inmediata de Petrarca, Dante y Boccacio, que la ayudarán a ir introduciéndose en una de sus mayores influencias el "Renacimiento", época que ella misma atribuye como su estado de ánimo y su paso por la vida, "un eterno renacer de las cosas y las personas".
Entre los dieciséis y los dieciocho años escribe la mayor parte de sus composiciones en prosa poética y en versos acrósticos, con diversos títulos, como "Sentimientos", "Vida", "Muerte", "Amor", "Tristeza" entre otros. Su prosa poética la engloba en lo que pasó a titularse "El libro de los insabores" conjunto de pensamientos e ideas, junto con la rebeldía típica de su época de adolescente.
Lectora incondicional de Rousseau, Hume, Kant y Hegel, le facilita el entendimiento del conocimiento humano. La filosofía le hace embarcarse a estudiar a Platón, y la famosa "Teoría de la Cavernas", que le lleva a desarrollar varios escritos en prosa, donde el reflejo y los espejos, son punto de conexión. La lectura de "Confesiones" de San Agustín le abre un camino que la conduciría más adelante a introducirse en la incógnita de la física cuántica y ser admiradora incondicional del físico Stephen Hawking y sus teorías. Estas lecturas le otorgan la perspectiva del tiempo y el espacio en su literatura, con composiciones como "La cocina", donde mezcla tiempos diferentes de personajes que parecen vivir en épocas similares y la distancia del espacio les separa, sin llegar a saber muy bien dónde se encuentran.
Pero, quizá, la época que más la sedujo fue el Barroco, no sólo en el campo literario, sino en las demás artes, como la arquitectura y la pintura. Estudia, en sus horas libres Historia del Arte de forma empírica, centrándose especialmente en la época barroca, donde observa con admiración las catedrales góticas de España, y la sorprendente catedral de "El Duomo" de Milán, donde denomina a los chapiteles, "como la sonrisa del alma hacia Dios". En esta época fueron decisivas sus lecturas de Luis de Góngora y Francisco de Quevedo. En este período de su aprendizaje es importante destacar la influencia de la lectura de "Polifemo y Galatea", que la llevaría a tirar del hilo y desembarcar de lleno en la Mitología clásica, donde encontró un mundo repleto de esencias para tallar y tejer.
El siglo más romántico de todos, el XIX, le proporcionó lecturas como Bécquer, Fernán Caballero, Zorrilla y Clarín entre otros, y emprendió viaje a una de sus literaturas preferidas, la rusa, con Tolstoi y Dostoievski. La generación del 98 y la del 27 fueron definitivas para entender que la palabra hace de la vida un camino diferente. Los famosos Cafés de primeros de siglo le abrieron nostalgias y esencias para recuperar una tradición perdida y casi olvidada en un siglo XXI deshumanizado. La novela de posguerra, y de los años 50, 60 y la llamada contemporánea le proporcionaron nueva perspectiva para continuar un sendero de sueños. Miguel Delibes, junto a Eduardo Mendoza, Ana María Matute, Carmen Laforet, entre otros constituyeron puntos de vista y ángulos importantes en sus orientaciones literarias.
A los diecinueve años le otorgan su primer Premio Literario, era el año mil novecientos noventa y dos, cuando se alza con el Primer Premio de Prosa del Ayuntamiento de Fuenlabrada (Madrid), con su relato "Las pasiones de la Duquesa", certamen de temática dedicada a la mujer. Cuatro años más tarde vuelve a repetir Premio, cuya temática fue "Una Navidad Diferente". A partir de entonces se centra, fundamentalmente en pulir, y matizar su prosa. Es seleccionada en varias Antologías, como en el año dos mil siete en Ediciones Orola (Madrid), con "La vida negra". En el año dos mil ocho, la conceden el Premio Especial Internacional de Dicho Francisco Garzón Céspedes y también en el mismo año, el Premio Especial de Pensamiento bajo el mismo nombre. Es seleccionada en la Segunda Antología del Premio Nacional de Microrrelatos que lanza en el año dos mil ocho la Editorial Hipálage, con su composición "Desdibujar".
En el año dos mil nueve queda Finalista del Premio Internacional de Monólogo Teatral Francisco Garzón Céspedes y al año siguiente vuelve a alzarse con los Finalistas de Dicho y Pensamiento que llevan el mismo nombre, más el Finalista de Ediciones Orola del año dos mil diez, por su composición "El semáforo".
Quizá, no contenta con su anterior monólogo, en el año dos mil once vuelve a intentarlo y la otorgan el Premio Especial Internacional de Monólogo Teatral Francisco Garzón Céspedes, por su monólogo "Últimas palabras".
Desengañada con las puertas herméticas de las asociaciones y grupos literarios, emprende viaje sola y a finales del año dos mil nueve crea y compone bajo su dirección la Institución literaria "Un Café con Literatos", que desde sus difíciles comienzos dirigió y sostuvo económicamente. El primer Café Oficial se realizó un diecisiete de Diciembre en Carranque (Toledo) y desde entonces los vuelos, fueron creciendo para alimentar las ganas de continuar con el camino. El año dos mil diez, fue el año definitivo de anclajes de la Institución, y realiza diversos Cafés por toda España, hasta crear proyecto en el año dos mil once con la AECID (Agencia Cultural Internacional para el Desarrollo) de La Habana (Cuba), que depende de la Embajada de España. Visita por primera vez la ciudad caribeña en Octubre del mismo año para realizar Un Café oficial que repetiría en la Feria Internacional del Libro de La Habana en Febrero del dos mil doce. A últimos del dos mil once crea el Premio Internacional de Poesía "Un Café con Literatos" cuya primera edición la dedica en exclusiva al poeta chileno Carlos Órdenes Pincheira. La convocatoria se lanza en Diciembre del mismo año dando la vuelta al mundo e interviniendo autores de más de veintidós países. Este Premio le hace viajar nuevamente a Santiago de Chile para la celebración en Mayo del dos mil doce del Premio de Poesía, evento en el que colaboró estrechamente la AECID de Santiago de Chile, cediendo el espacio del salón de actos del Centro Cultural de España.
En el año dos mil diez descubre casualmente al poeta en cuya convocatoria fue homenajeado por su trayectoria literaria, y es en esa época donde escribe la biografía novelada "A la luz de una vela", y viaja, por primera vez a la capital chilena. Novela que cuenta la vida del poeta. Quizá uno de los años más productivos en su creación, ya que publica a través de Un Café con Literatos/Ediciones Pastora, nombre simbólico por su trabajo de difusión y vinculación literaria con otros autores, "Calíope Azai" relato largo en prosa, "Transeúntes al amanecer", publicación que consta de cuatro cuentos breves", y el poemario "Desde un bosque en las nubes".
Escribe "La Princesa Letra", novela corta, que en la actualidad se encuentra entre bastidores.
En diciembre del 2012 recibe el Premio de prosa de la Casa Regional “Castilla y León” en Toledo por su relato “Pastisano”, donde cuenta la toma del Alcázar de Toledo, poco antes de comienzos de la Guerra Civil española.
En el año dos mil doce comienza su novela "Renata Conde" y se atreve con el difícil arte de las crónicas, que le lleva a abrir otra de sus pasiones, la Guerra Civil Española, textos que engloba bajo el título "Crónicas de Viejobueno". En la actualidad es una de las misiones que tiene como proyecto, dar más vida a Renata y desempolvar la memoria de los años treinta y cuarenta de España.

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