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Sección de literatura de autores del resto de Cuba

Ser inculto es el único modo de ser subdesarrollado

“Al público hay que brindarle lo que le gusta”. Es habitual escuchar tal excusa cuando se critica la selección musical o audiovisual programada en algún espacio recreativo, sin que los responsables de estos desaciertos comprendan que tienen en sus manos la posibilidad de moldear preferencias, educar el gusto, y fomentar una conciencia crítica en la sociedad. La gran mayoría de estos productos artísticos, llamados a convocar grandes masas de público en escenarios, discotecas, salas cinematográficas o la propia casa, proponen sueños baratos donde la mente no necesita movilizar ni una neurona.
Diversión que deviene evasión, pero no la que refresca tras una agobiante jornada laboral o un gran esfuerzo mental necesitado de un momento de “desconexión”; sino es la evasión total de toda capacidad apreciativa que debe acompañar siempre, aunque sea en pequeñas dosis, la apreciación artística.
El cubano es famoso por su análisis constante del entorno, erigiéndose juez y árbitro hasta de los más complejos problemas de la política mundial. Y eso demuestra que la mirada criolla de la realidad es crítica, y existe capacidad de argumentar y defender posturas con elementos claves, muchas veces profundos. Así que no se puede sucumbir a la universalización negativa de estéticas y valores prefabricados y soportados por enclenques ideas, que no van más allá de la palabra “diversión”, en su sentido más simplista. La desconexión de un día duro no implica la fuga total de la realidad circundante, y el discernimiento.

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Luis Gómez y la radio

Para mí era muy difícil resistir la tentación de escribir este artículo para la Revista Calle B de la amada tierra de Luis Gómez, pero cuando fui a pretextar cuánto me castiga ese sempiterno tirano que es el tiempo, me tropecé con unos versos del poeta donde decía: 
Oh, mi pueblo encantador,
cómo olvidar que tú fuiste
la cuna donde me diste
aliento, nombre y amor.
En ti mantuve el calor
de tu remanso querido.
Por eso te he prometido
no arrancarte de la mente.
¡Yo podré morir ausente,
pobre, pero no te olvido!

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ROCÍO POR PIEDRAS

La imprescindible mujer de todos,
omnipresente manzana de cada meridiano,
libro con páginas dobladas,
la que se busca a sí misma y se persigue
y se columpia en la baranda de un reloj de arena roto,
la que ovula con el trigo fértil y no tributa cosecha,
raído tapiz del ocaso ante el espejo,
silueta que oxidad clama,
demonio de delicados labios que desembocan en un grito sin eco,
la que lleva siempre una chaqueta con bolsillos
donde ostentoso asoma el verde de la desesperanza,
naufraga en la pureza de una gota de rocío
que inocente cae desde sus senos
y rauda se le sumerge en los enyerbados suburbios.



Víctor Arturo Delgado González

(Re)escrituras de la Colonia

A la usanza de los cronista de Indias, con el espíritu reconcentrado de aquellos que supieron advertir la cuota de barbarie y deshumanización de quienes conquistaron a golpe de sable nuestra nación, a golpe de cruz y hostias que horadaban el paladar de nuestros taínos –mucho más a gusto con su casabe– construye, no escribe, Leymen Pérez estas Corrientes coloniales (Casa Editora Abril, 2007 –Premio Calendario de Poesía 2006).
Un libro que socava, por muchas razones, nuestra quietud, nuestro desamparo histórico.
Cuatro versos de este libro se sitúan al centro de la esfera imaginaria que conforman sus páginas:

El colonizador no ha cambiado
ha cambiado el testimonio la memoria
de los que salen y entran con otro silencio
con la boca amarga eliminando pasajes de la HISTORIA.

La Historia entonces –nuestra Historia– entrevista con ausencia, como ante que se disipa, que se distor(ero)sinoa, en el testimonio cambiado; signada por su carácter apócrifo, parece escindir en diversas aristas y ángulos los ejes temáticos de Corrientes coloniales .
Leymen, adherido al espíritu de que sólo aquello que se recobra nos pertenece por completo, nos lleva de la mano –entre fortísimas imágenes– a una Cuba que se forja entonces –plena de laceraciones y heridas sucesivas– como nación.
Su ánimo por otorgarle a cada palabra, a cada párrafo, un sentido no divagatorio, sino efectivo, directamente proporcional a los sucesos que narra o define, lo llevan a recurrir a una sintaxis que evade toda elipsis, toda postergación del centro inamovible que refleja.
Así: parlamentos entrecortados, certeras preguntas, sustantivos o verbos que se aíslan a conciencia, se toman fiel reflejo, imagen holográfica de cuanto acontece –como hecho factual– en este brevísimo volumen.

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USTEDES MISMOS AMARON UNA VEZ

…única patria contra todas las bestias…
Juan Gelman


Entre el amor por las sombras del silencio
como luminoso grito difunde promesas despierta insomnios,
late en la piel de las piedras,
se salpica en charcos que reflejan ausencias
y deja la muesca de sus atrevimiento
atada a los cuerpos que se aman.
Entra el amor cáliz errante,
recorre salas de espera cobertizos y habitaciones,
besa las manos del consagrado rompe cadenas al reo
y sigue de largo en los burdeles,
desata quietudes acumuladas,
pinta paredes descoloridas adolescentes dudas
derriba muros para que el sol o la lluvia penetre,
el universo se siente en los balcones
los pájaros asomen sorpresas en nuestro cuarto
se posen en libros canten sin ser primavera.
entra el amor y hasta bendice
la indefinible decisión de saltar al cielo con los pies
clavados.



Víctor Arturo Delgado González

MONÓLOGO DEL TRANSGRESOR

…Allá va el transgresor,
lleva orden de su sed,
lleva absuelto el delirio,…


Ada Elba Pérez


La libertad se duerme bajo miedos,
con el valor del desastre deshago los presagios,
no me azotan espejismos,
convierto musgos en ramas.
Como la gota llevo un discurso,
desbordo ríos que anuncio,
se hacen ecos los manantiales,
sólo quien es árbol puede habitar las hojas.
Pocos nudos me atan habito el corredizo
la diagonal veloz esta huella sin disfraz,
otros no tenían rumbos ni poemas ni espadas,
sí huérfanos espacios sin rayos que al alumbrar horóscopos
los protejan de óxidos y expedientes,
con juramentos hechos para violarse,
capaces de arañar rostros imaginarios en toda paz.
Miro mis manos,
sus huesos sin súplicas,
consagro mis genitales y vibro.
El hombre no es dueño ni del polvo que levanta,
ha huido a ocasionales madrigueras,
idólatra de sí mismo se busca en sus decretos,
se encuentra en lo que más teme,
perdió el grito y crea silencio,
grises supremacías para un tiempo de salmos.



Víctor Arturo Delgado González

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