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Página de Inicio Autopista sur Obra literaria de Luis E. Ramírez Cabrera Creencias afrocubanas: ¿religión o folclor?

Creencias afrocubanas: ¿religión o folclor?

Por Luis E. Ramírez

Para algunas personas las prácticas religiosas de origen africano existen  tes en Cuba no constituyen una religión en sí mismas, sino una simple manifestación de folclor. En esta exposición pretendo reflexionar al respecto.

Primeramente debe quedar sentado que, ciertamente, se ha utilizado, en forma desmedida quizás, el elemento afro en muy variadas manifestaciones artísticas, traspolando danzas y cantos a la escena de forma similar a como son utilizadas por los practicantes en sus rituales.

No podemos desdeñar el hecho de que nuestras raíces musicales se encuentran, entre otras, en los ritmos de las diferentes etnias africanas que fueron traídas a nuestras Isla como esclavas por los colonizadores españoles a partir del Siglo XVI, y que esos ritmos, instrumentos musicales y formas de la danza, imbricadas con otras europeas (sobre todo ibéricas) dieron (y dan) lugar a lo que, sin dudas, constituye nuestro folclor.

Y aunque es en la música y en la danza donde más se evidencia la influencia africana, también en las artes plásticas y en mucha de nuestra narrativa y poesía, así como en la cultura gastronómica, estos ancestros de nuestra nacionalidad están presentes.

La presencia negra –reitero– es innegable: se encuentra en nuestro folclor, pero éste no es precisamente la liturgia de las religiones de origen africano en sí misma, como lamentablemente se ha presentado en múltiples ocasiones, dando lugar a que esas creencias (sobre todo la Regla de Osha o santería, el Palomonte y los ñáñigos o Sociedad Secreta Abakuá), sean consideradas únicamente como manifestaciones artísticas a partir de primitivas concepciones mágicas.

Para adentrarnos en nuestra reflexión debemos primero definir que es una religión. El concepto que aparece en cualquier diccionario común la señala como “un culto que se tributa a la divinidad”. Sin embargo, el concepto intrínsico de la palabra Religión –que proviene del Latín Religiu, de releger (repasar), o quizás de religari (unir)–, resulta sumamente variado y de acuerdo a las concepciones filosóficas de diferentes autores.

Se dice que entre las muy numerosas definiciones existentes, una de las más sencillas corresponde a E.B. Taylor, quién planteó que “La religión es la creencia en seres espirituales” (1) Mattehew Arnold, pensando sobre todo en la ética sublime de los profetas hebreos, definió la religión como “una moral impregnada de sentimiento” (2); mientras para Mc. Taggart, ”La religión es una emoción fundada en la convicción de una armonía entre nosotros y el universo” (3).

La palabra Religión incluye todo lo considerado como religioso por una larga sucesión de sabios y filósofos, como un complejo de doctrinas prácticas e instituciones y la afirmación en la creencia en los dioses o en un Dios único. Pero con el fin de dejar más claro aún el concepto de religión, me permito transcribir al historiador y antropólogo inglés Sir James George Frazer, autor de varios libros sobre los orígenes y desarrollo de la sociedad y las religiones y, en particular, del clásico La Rama Dorada, de donde lo cito: “Es probable que no exista en el mundo un asunto acerca del cual difieran tanto las opiniones cómo éste de la naturaleza de la religión, y componer una definición de ella que satisfaga a todos es ciertamente imposible. Todo lo que un escritor puede hacer es definir con claridad lo que entiende por religión y después emplear consecuentemente la palabra en tal sentido a través de toda su obra (4).

Hecha esta aclaración, continúa con su propia definición, que entiendo recoge en esencia lo concerniente a cualquier tipo de creencia: “Por religión, pues, entenderemos, una propiciación o conciliación de los poderes superiores al hombre, que se cree dirigen y gobiernan el curso de la naturaleza y de la vida humana”, y a renglón seguido: “Así definida, la religión consta de dos elementos, uno teórico y otro práctico, a saber, una creencia en poderes más altos que el hombre y un intento de éste para propiciarlos o complacerlos” (5).

Más adelante, el pretigioso investigador cita a la Segunda Epístola de Santiago, versículo 17: “En palabras de Santiago: ‘Así también la fe, si no tuviere obra, es muerta en sí misma’. En otros términos -dice Frazer- un hombre no es religioso si no gobierna su conducta de algún modo por el temor o amor de Dios” (6).

Si consideramos válidos estos razonamientos de Frazer, no podemos entonces dudar que las distintas manifestaciones de creencias de origen africano existentes en Cuba son religiones; unas más complejas que otras, pero religiones.

Vemos en las más difundidas (Osha, Palo y Abakuá) que en todas existe la creencia en un Ser Supremo, un creador del universo, quien rige con su poder la marcha del mundo. Lo nombran, respectivamente: Olofi u Olofin, Nsambia y Abasí.

Para santeros y paleros existe un panteón de menor jerarquía integrado por orishas y mpungos, seres divinos subordinados a Dios (Olofi, Nsambia), pero con poderes para obrar sobre los hombres, interceder ante Dios por ellos, conceder peticiones y castigar desobediencias.

Pudiera alegarse que esta multiplicidad de dioses, con campos de acción definidos sobre elementos naturales (el mar, el río, el monte, el trueno, y otros muchos), le restan categoría de religión ante el concepto monoteísta occidental, pero ¿acaso la inmensa hagiografía católico-romana no constituye un panteón similar sin detrimento del concepto monoteísta de Dios?

Tan es así que muchos de los orishas y mpungos africanos fueron identificados con santos católicos con el fin de evadir la represión del clero y las autoridades españolas, que obligaban a los esclavos a convertirse al cristianismo.

El sacramento (del Latín sacramentum” -cosa sagrada) constituye una acción que no es más que un signo exterior y visible de una gracia interna y espiritual del creyente. La Iglesia Católica Romana distingue siete sacramentos:

1. Bautismo,

2. Confirmación,

3. Penitencia,

4. Comunión,

5. Extremaunción,

6. Orden Sacerdotal y

7. Matrimonio.

La Iglesia Ortodoxa mantiene siete sacramentos similares, con la diferencia de que el bautismo lo realiza por inmersión triple y le brinda la unción a todos los enfermos y no sólo a los moribundos, mientras que  la mayor parte de las denominaciones protestantes solamente admiten dos: el bautismo y la comunión.

En las religiones de origen africano existentes en Cuba también encontramos actos sacramentales, esto es, acciones visibles de la gracia interna o espiritual del creyente. Son muy variados pero podemos mencionar, para la Regla de Osha o Santería, el ebbochiré o “rogación de cabeza”, que en cierto sentido posee un carácter bautismal, pues debe preceder necesariamente a otras acciones rituales como el otorgamiento del eleké o collar correspondiente a un orisha determinado, la obtención de un Osun, de un iddé (manilla) de Orula, la posesión de los Guerreros (Elegguá, Oggún y  Oshosi) o la obtención de la Cofá por la mujeres, hechos que pueden ser equiparados a actos de confirmación.

Aparece dentro del orden sacerdotal el kariosha o sodorisha, comúnmente conocido como Asentamiento de Santo, y la consagración al Ifá, que da lugar a los rangos del sacerdocio de iyaloshas y babaloshas (santeras y santeros) y de babalawó para los practicantes del Ifá, todos ellos facultados para oficiar.

En el caso del Palomonte, sistema religioso menos complejo que la Osha en sus componentes litúrgicos y en la jerarquía religiosa, estos sacramentos se reducen a sólo dos: el rayamiento o iniciación y el “nacimiento encima de nkise” u obtención de la nganga.

Algo diferente ocurre en la Sociedad Secreta Abakuá (ñáñigos), por ser ésta más que una religión, una institución de carácter fraternal de ayuda mutua y socorro, exclusiva para hombres, aunque marcada, como cualquier similar occidental, por restos mágicos-religiosos simbólicos, lo que no excluye durante la iniciación secreta que se lleva a cabo en el fambá (7), de una especie de bautismo que reciben por aspersión de aguardiente y vino seco y un golpe que se propina a los iniciados con un gajo de albahaca.

En todas las religiones de origen africano existe el sacrificio de animales a las deidades así como la ofrenda de frutas y otras comidas. Por ello se tilda de primitivos a sus practicantes, con un mayor acercamiento a la magia que a la religión.

Sin embargo, los sacrificios u ofrendas a las divinidades, hechas por lo general sobre un altar, han formado parte desde la más remota antigüedad de todas las religiones. La Biblia, en el Génesis IV:2-3, menciona que Caín y Abel brindaron a Jehová en ofrenda, de los primeros frutos de la tierra y del primogénito de las ovejas; en el propio Génesis (VIII:20) leemos que luego del diluvio, y en señal de agradecimiento “Noé edificó un altar a Jehová y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia y ofreció holocausto en el altar” y en el Libro Tercero de Moisés, comúnmente llamada Levítico, nos encontramos que una gran parte de su contenido tiene como fin establecer los rituales para los holocaustos, ofrendas y primicias, tanto para congratular a Dios cómo para obtener favores del mismo, incluyendo el sacrificio de ganado vacuno, corderos, etcétera, cuya sangre se derramaba por el sacerdote sobre el ara.

¿Se diferencia en algo el sacrificio hebreo con el efectuado por babaloshas o iyaloshas para ofrendar la eyé (sangre) con la cual se “alimenta” su fundamento, o a la que utiliza el tata nganga para “fortalecer”  su prenda, o el sacrificio del chivo que se le ofrenda al ékue (8) por los abakuá?

Rasgos característicos del hinduismo y del budismo son las ofrendas de flores, aunque en el Islamismo son menos importantes, mientras que en el Catolicismo, la eucaristía o cena del Señor constituye un sacrificio incruento establecido a partir de lo relatado en los evangelios (Lucas XII, Mateo XXVI y Marcos XIV), hecho que constituye una expresión de Teofogia  o ingestión del dios (Bebed que esta es mi sangre, comed que esta es mi carne). El ágape o cena ritual que realizan santeros y paleros durante o luego de sus ceremonias, son similares.

¿Qué faltaría a los cultos de origen africano para ser considerados religiones? ¿Una liturgia? La tienen. Muy bien establecida y en ella, que no es más que un servicio público prestado a las deidades, se invocan, alaban y veneran numerosos orishas y mpungos mediante suyeres (9), moyugbas y orus secos o cantados en la Regla de Osha, o por mediación de los nmambos (cánticos) del Palo.

¿Qué necesitan?, ¿una cosmogonía? Aparece en diversos patakines y, curiosamente, en algunos casos de forma más racional que la expresada en el Génesis. ¿Una filosofía, una ética? La poseen. Es propia, diferente quizás a la cristiana, musulmana o budista.

Para rebajarles de categoría, ¿qué se puede entonces aducir?: ¿qué son animistas, porque otorgan a las otá (piedras) la residencia espiritual de sus deidades? La Caaba, el santuario sagrado de una de las grandes religiones universales, el Islám, situado en La Meca, ¿no contiene acaso la Piedra Negra a la que los mahometanos llaman “La mano derecha de Dios en la tierra”? ¿Qué en sus rituales hay sistemas adivinatorios? ¿Qué son entonces, sí no, los oráculos de las grandes religiones de la antigüedad?

¿Qué hay primitivismo cuando el orisha monta a su “caballo de santo” (10) o el nfumbi (muerto) se apropia de su “perro de prenda” y actúan como posesos?

Entonces, ¿qué sucede con los pentecostales cuándo sobre ellos cae el Fuego de Pentecostés y adquieren el “don de lenguas”? ¿Qué sucedía con la pitonisa de Delfos? ¿No estaba acaso poseso San Juan el Teólogo cuándo recibió la revelación del Apocalipsis; o Moisés, cuándo en el monte del Sinaí “habló” directamente con Dios recibiendo las Tablas de la Ley?

¿Qué en sus patakines (11) aparecen fábulas y animales que hablan y enrevesados mensajes?, ¿acaso el Evangelio no está lleno de parábolas?, ¿no fue una serpiente quién le habló a Eva?, ¿una burra parlanchina no aparece en la Biblia?

Muchos otros aspectos pudieran señalarse: el uso de la  música ritual, presente en todas las religiones y que se manifiesta en correspondencia con la formación cultural de los pueblos; los abalorios, (escapularios, medallas, detentes, rosarios, collares, Osun de bolsillos y los llamados resguardos); las aguas lústrales, los ritos funerarios y otros muchos elementos que están presentes en todas las creencias y hacen de las religiones de origen africano una más.

Llega hasta aquí esta breve reflexión. Los elementos fundamentales han sido expuestos. A fin de cuentas, como dijo nuestro Apóstol José Martí:

Las religiones todas son iguales: puestas una sobre otras no se llevan un codo ni una punta (...) Las religiones todas han nacido de las mismas raíces, han adorado las mismas imágenes, han prosperado por las mismas virtudes, y se han corrompido por los mismos vicios (12).

1 Diccionario de religiones, Editorial Siglo XXI, México, 1961.

2 Ibidem.

3 Ibidem.

4 La Rama Dorada, Sir J. G. Frazer. Fondo de Cultura Económica, México, 4ta, edición en español, 1961. Pag. 76.

5 Ibidem.

6 Ibidem.

7 Cuarto secreto dónde se lleva a cabo la iniciación y otros ritos.

8 Tambor sagrado de los abakuá, en el que reside la voz de Tánze, el pez sagrado que dio lugar a la  Sociedad  Secreta. Está construido de madera, que originalmente  fue de ceiba o palma, pero los que actualmente se construyen en Cuba son de cedro. Están recubiertos por una piel de chivo, que según la leyenda sustituyó a la del pez Tánze. Primeramente, cuando la Sociedad Abakuá se conformó en el África, se probó con piel de carnero y piel humana, pero no daba el sonido esperado. El ékue está asentado sobre tres patas, que representan las tres terminales de la cola del pez sagrado y también a cada uno de los tres grandes: Iyamba, Mokongo e Isué, así como a las tres primeras tribus que lo poseyeron: Usagará,  Eforinsún y Bakokó. Algunas potencias Abakuá representan simbólicamente al ékue con cocos con determinados dibujos cabalísticos  de  forma geométrica.

9 Suyeres: cánticos; moyugbas: rezos, orus: toques de tambor acompañados o no (secos) de cánticos.

10 Caballo de santo: médium, persona sobre la  cual se ha posesionado ("montado") un orisha. En el caso del Palomonte recibe el nombre de Perro de Prenda.

11 Leyenda que acompaña a cada oddún o letra del Diloggún y del Ifá y que relata avatares de los orishas.

12  El conflicto religioso en los Estados Unidos, Obras completas, tomo 11, páginas 242 y 243.

 


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