Breve retrato de Carilda Oliver Labra

Por Juan A. Monteagudo

La tierra  no pudo absorber la energía

de su espíritu henchido por los versos

que pulula sobre todos los confines del mundo.

La calle, una cascada donde

sus ojos se le antojan al amor

con el verbo dispuesto, siempre dispuesto

para enunciar elogios y desorden,

para embestir caricias a los enamorados.

Solo pude verla en los páramos ecuestres

cual estatua perfecta de mambí.

La tierra no pudo absorber la energía

porque hay flores que no marchitan,

la poesía no envejece

y el tiempo, su tiempo, que no es tiempo ni pasado

ni palabra muerta ni agonía ni dolor;

su tiempo eterno entre los clásicos

porque en  ningún cementerio podrá descansar

la energía en torbellino del poema

que nos besa con la boca arrodillada

y nos tienta libertinos sin promesas

como aves en vuelo, almas errantes,

simples mortales sin ambiciones de gloria,

sin compromisos, sin plegar las alas,

sin tabúes sabemos que:

¡Esta Mujer ha muerto de dichosa!