Get Adobe Flash player
Página de Inicio Autopista sur Obra Literaria de Clara Lecuona

Entre Clara Lecuona y su esposo

Por Clara Lecuona

(Para mi Clara.)

Camino sobre tu sueño
Me duermo sobre tus ojos
Se llena mi alma de abrojos

Leer más...

Absolutamente nada

Por Clara Lecuona

Desde lo alto el hombre se sintió libre,  era un ser completamente anónimo, un número de asiento, una vestimenta común a tantas otras, y el futuro lo aguardaba, sus planes eran algo suyo.

Leer más...

Pequeñas pistas para encontrar

Por Clara Lecuona

la lluvia es una
cosa que siempre
sucede en el pasado.

Leer más...

Absolutamente nada

Por Clara Lecuona

Desde lo alto el hombre se sintió libre,  era un ser completamente anónimo, un número de asiento, una vestimenta común a tantas otras, y el futuro lo aguardaba, sus planes eran algo suyo. Por

Leer más...

Absolutamente nada

Por Clara Lecuona

Desde lo alto el hombre se sintió libre,  era un ser completamente anónimo, un número de asiento, una vestimenta común a tantas otras, y el futuro lo aguardaba, sus planes eran algo suyo.


Por primera vez se sintió además de libre,  exclusivo.

 

Recostado en el espaldar tarareaba una canción pero fue interrumpido por el brusco movimiento del avión, como si el cielo de repente se llenara de huecos enormes. Sintió otro movimiento pero esta vez fue la mano inquieta de la aeromoza:
–¿Se encuentra usted bien?
–Sí…, sí  –atinó a decir medio adormilado y descendió  hacia el  bus.
Paris era tal cual la había pensado y hacia el interior los campos verdes estaban llenos de rosedales.
Probó todo cuanto pudo y más, los franceses son sin duda unos excelentes cocineros, algo quedaba en ellos, comunero podría decirse, pero no había llegado hasta allí para cuestionar  sino para disfrutar del azul violeta a veces grisáceo del cielo y otras con el sol más placentero que imaginarse pueda, frente a una pequeña laguna dibujó ligeros esbozos, retratando con su paleta ardorosa el primor y respirando los delicados aromas.
Un roce sobre su hombro lo distrajo y se volteó molesto, pero sólo era el crujir de la rama verde que decoraba  su espaldar y comenzó a reír y siguió riendo mientras el avión caía.

 

 

 

Palabras al oído de un muchacho del siglo XVIII

Mi madre duerme.
Sobre su cabeza
los peces iluminan el camino.
A pesar de la luna y su mirada triste
puedo subir los pies de la noche,
galopar su lomo oscuro mientras las casas duermen.

Leer más...

Formulario de Acceso


Síguenos en...




¿Quién está en línea?

Tenemos 70 invitados conectado(s)

Contador de visitas

mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy245
mod_vvisit_counterAyer434
mod_vvisit_counterEsta semana245
mod_vvisit_counterEste mes11847
mod_vvisit_counterHasta la fecha754806

  • AlasCUBA
  • Revista la Alcazaba
  • Azurina
  • Cinosargo
  • Cuba Literaria
  • Cubarte
  • EcuRed
  • El Caimán Barbudo
  • Haciendo Almas
  • Il Convivio
  • La Jiribilla
  • Lettres de Cuba
  • Museo Nacional de Bellas Artes
  • Palabras Diversas
  • Poetas del Mundo
  • Red Mundial de Escritores en Español
  • Revista de Cine cubano
  • Unión de Escritores y Artistas de Cuba
  • Teatro de los Elementos
  • Revista Digital Guaitiní, Miami