La Amozonía arde en la mirada de un artista checo: el misterio inexplorado de dos mundos

Por Jorge L. Lanza


Asistir a la inauguración de la muestra personal Lágrimas del fuego, del artista checo Otto Placht, ha sido para mi una sublime revelación como crítico de cine sensibilizado con las artes plásticas;

sobre todo, al tratarse de la primera vez que uno de los más grandes artistas checos de su generación hayan expuesto su obra en Cuba.

 

Conocido con justicia como “El pintor de la Selva”, es de esos artistas europeos que exploran las realidades y bellezas de una región que Eduardo Galeano inmortalizó en su obra Las venas abiertas de América Latina.

Su descubrimiento de la cultura originaria del Perú y del universo amazónico se debió inicialmente a su amistad con el chamán Pablo Amaringo, quien anteriormente había desarrollado un intenso trabajo de creación artística con el Instituto de Arte Monumental dirigido por Jiří Načeradský.

La exposición ha sido inaugurada el pasado jueves en la Galería Carmen Montilla ubicada en La Habana Vieja por iniciativa de la Embajada de La República Checa y la colaboración de la Embajada del Perú, teniendo en cuenta que Lágrimas del fuego deviene el testimonio visual de sus experiencias vivenciales con la cultura y geografía de la Amazonía, área que también abarca la nación peruana. Su sensibilidad con el dolor de esta región resulta admirable.

Lagrimas del fuego nos revela las más insospechadas emociones que evidencian que los artistas europeos no sólo representan las problemáticas de su región, del Viejo Mundo inmerso en el frenesí postmoderno, desde una hermética y hasta metafísica mirada; sino que también poseen una manera muy especial de interpretar el dolor de una región atrapada entre  el deseo justificable del progreso económico y el reclamo de las culturas originarias de salvar la Amazonía, el pulmón de un enloquecido mundo.

A través de sus piezas Otto Placht nos advierte que ese mundo maravilloso conocido siglos atrás como Nuevo Mundo, tras la llegada de Colón, Américo Vespucio, Magallanes, etc., se encuentra en peligro de ser devorado por la actitud insaciable de las trasnacionales y la insensibilidad de los políticos y empresarios. ¡Sus cuadros son un llamado impostergable a revertir cuanto antes esa realidad si queremos salvaguardar la Amazonía!, a partir de una vocación plástica e inspiradora que nace de su angustia y desesperación.

Una exposición como Lágrimas del fuego tiene la virtud de ser más eficaz en sensibilizar a la humanidad que muchas foros y congresos sobre la Madre Tierra, la mayoría de las veces convertidos en letra muerta, en una retórica estéril incapaz de producir efecto y resultado alguno.

Desde una perspectiva formal, deseo explorar la condición intertextual del discurso plástico de Otto Placht, sus creaciones, cuyas influencias y preocupaciones estéticas van desde  Leonardo da Vinci, hasta el expresionismo de Vincent Van Gogh y el impresionismo de Paul Gauguin, sobre todo en su período inicial. Su estancia en Martinica y la isla de Tahití lo convierten en otro artista europeo con vocación etnográfica por su interés en redescubrir las esencias y misterios de esta región del mundo desde una mirada descolonizadora.

Sin intención de encontrar un paralelismo forzado del artista Otto Placht con los mencionados pintores, su tratamiento impresionista del color en el afán de atrapar las riquezas de la selva amazónica y la peculiar manera de construir un discurso donde se entremezclan el sentimiento y la subjetividad para representar ese exótico mundo evocan en mí los lienzos de esos incomprendidos del siglo XIX, época donde el Viejo Mundo intentaba descifrar los enigmas culturales de América Latina, mientras las comunidades indígenas eran masacradas por los conquistadores europeos.

Cuando Otto Placht se adentra en la selva amazónica no sólo lo motiva su vocación etnográfica típica del artista e intelectual europeo, sino de un conocedor de ese capítulo triste en la historia de nuestra región. Su obra viene a saldar una deuda con un pasado imborrable y dramático para ambos mundos.

Así como Paul Gauguin fue seducido por la belleza de dicha región, Otto Placht ha sido sensibilizado con su tragedia, revelada por Galeano en el referido libro. El drama histórico de la Amazonía es como las llamas de un fuego que se resiste a apagarse.

La metáfora que este artista checo ha creado deviene un grito tan desgarrador como aquella obra de Edvard Munch en su célebre lienzo expuesto en un museo en Noruega (El grito), aunque las distancias entre los dos artistas sean notables. Si el grito de Munch es síntesis pictórica de la desesperación, el grito de Placht es la expresión más genuina de la esperanza y la fe en la capacidad del hombre por su preservación, por su lado más humano en lucha permanente contra la autodestrucción.

En ambas obras convergen los cuestionamientos existenciales del siglo XX con el llamado impostergable de un siglo XXI asediado por las guerras y el peligro apocalíptico del cambio climático.

La alegoría renacentista del hombre como centro del universo es parodiada de una manera singular en Lágrimas del fuego, al develarnos cómo en su obra se entrecruzan íconos del arte europeo con los valores exóticos del realismo mágico y la exuberancia contagiosa de la Amazonía con un sentido de la policromía que jamás había percibido en artista alguno.

Otras influencias reconocidas en su obra son la filosofía holística de David Bohem, los fractales de Mandelbrot y el movimiento New Age. Según Otto Placht: “Soy un artista figurativo, y siempre me surge la figura como el elemento que lleva la historia. Las historias en la Amazonía tienen tres niveles: naturaleza, ser humano y espíritu. Y esta trinidad vive en una unidad total. Solo nosotros, que lo vemos desde fuera, podemos clasificarlo así. El mito en el que viven las gentes del Amazonas es experimentado como completamente vivo y real, a veces hasta un grado absurdo. Es algo que en Europa desapareció hace unos 200 años.’’ 1

Desde ese sentido Lagrimas del fuego constituye una conexión muy personal con el universo cultural de escritores como Gabriel García Marqués, Alejo Carpentier, autor del trascendental texto El Reino de este Mundo, y Mario Vargas Llosa.

Según confesara en una entrevista para Radio Praga, es notable y extraordinaria la influencia ejercida por el Premio Nobel peruano en su creación artística, por ‘’su descripción sobre la pérdida de la cultura indígena de la Amazonía ante el avance de la modernidad y la importancia de los mitos orales para su conservación’’, 2 aspecto central que atraviesa el texto de Vargas Llosa El hablador.

Sus lienzos son una interpretación descolonizadora del realismo mágico cultivado por los referidos escritores, fuentes culturales de las que se ha nutrido dicho artista.

Una impresión coherente con dicha mirada considera que Lagrimas del fuego nos seduce, y nos incita a sumergirnos en el misterio de una selva colmada de emociones y sentimientos. Su barroquismo pictórico resulta una fiel representación de ese metafísico e inexplorado universo literario.

1 Otto Placht narra con pintura los mitos de la Amazonía, disponible en https://www.radio.cz/es/rubrica/cultura/otto-placht-narra-con-pintura-los-mitos-de la-amazonia, 28 octubre, 2019.

2 Ibídem, p. 5