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Página de Inicio Autopista sur Obra literaria de Jorge Luis Lanza Caride Latinos en Hollywood

Latinos en Hollywood

Por: Jorge Luis Lanza

Te han secuestrado, América, y amordazado tu boca
y a nosotros nos toca ponerte en libertad.


Rubén Blades

(Fragmento de la canción “Buscando América”, 1983)

La historia de Hollywood ha estado conformada por realizadores latinos cuyas miradas sobre esa sociedad resulta nada edulcorada o complaciente, sino todo lo contrario, develan las profundas contradicciones y evidentes contrastes que desmitifican los cantos de sirena de un supuesto sueño americano por el cual no pocos emigrantes han perdido sus vidas.
Muchos de los filmes poseedores de perspectivas críticas sobre esos grandes problemas que aquejan a la comunidad latina en EE.UU. son resultado de  proyectos personales que escapan del canon hegemónico de Hollywood, sobre todo en la distribución, pues no siempre logran llegar al  público mayoritario.
La mayoría de los críticos y estudiosos del tema coinciden en que “West Side Story” (1961), de Robert Wise, protagonizada por la exitosa Rita Moreno,  primera cinta en la historia de Hollywood donde los personajes protagónicos fueron interpretados por actores latinoamericanos, lo que representa un paso de avance con respecto a décadas anteriores, resultado de las intensas luchas emprendidas tanto por los afroamericanos como por la comunidad latina por defender sus derechos, logrando avances concretos que devendrían estímulo para las futuras generaciones de latinos. 
“West Side Story” constituye la primera cinta que expone con sinceridad y sin prejuicios la realidad que atravesaba la comunidad latina y en especial la puertorriqueña en la sociedad norteamericana, en un contexto marcado por la segregación racial  y la discriminación hacia una minoría que intentaba abrirse paso en una nación donde el espejismo del sueño americano comenzaba a desvanerse ante sus ojos. 
Una cinta que expondría la problemática de los puertorriqueños y sus conflictos en EE.UU., desde un mirada inédita hasta ese momento, es “Popi” (1969), del realizador Arthur Hiller, protagonizada por los actores Alan Arkin y la puertorriqueña Rita Moreno, la cual narra la historia de un padre portorriqueño que, buscando mejores oportunidades para sus hijos, los ubica en un bote con la pretensión de hacerlos pasar por emigrados cubanos y de esa manera recibieran los beneficios otorgados a dicha comunidad en ese país. 
Aunque “Popi” no resulta un filme de grandes pretensiones en lo estético, trasciende por su discurso crítico al mostrar por vez primera problemáticas que responden tanto a la comunidad cubana como portorriqueña con una creatividad increíble y sin precedentes en su momento, convirtiéndose de esa manera en un referente para cineastas cubanoamericanos como León Ichaso o Andy García en su futuros proyectos fílmicos.
La representación de las problemáticas de los latinos en el cine de Hollywood ha sido bastante cuestionada y ha estado sujeto a una burda y evidente manipulación, al proyectarse una imagen distorsionada sobre este grupo social que responde a determinadas realidades que los medios de comunicación se han encargado de desvirtuar hasta la saciedad, estereotipando en gran medida el comportamiento de éstos y su posición en una sociedad que no siempre le ha brindado las mejores oportunidades.
Entre aquellos cineastas que han contribuido a matizar la representación de la realidad de los latinos en EE.UU se encuentra el chicano Gregory Nava, quien estremecería al público estadounidense con “El Norte” (1983), su trascendental opera prima sobre unos jóvenes refugiados de la represión política en Guatemala, muy favorecida por la crítica y el público de ese momento; el cubano León Ichaso, y los chicanos Edward James Olmos y Robert Rodríguez. 
Aunque no han sido los únicos cineastas que han logrado insertarse y ganarse un merecido espacio en el competitivo Hollywood, han tenido el mérito de reflejar las problemáticas, contradicciones y conflictos de su comunidad sin distorsionar la realidad. 
Tal como Gregory Nava supo mostrar las dificultades que tuvo que enfrentar una familia mexicana para abrirse espacio en la sociedad norteamericana en  “My Family” (1995), debut de quien se convertiría en la más importante actriz de origen portorriqueño en EE.UU: Jennifer López, filme en el que su director narra la historia de una familia chicana en Los Ángeles, sus conflictos, injusticias y exclusiones a las cuales han sido objeto con un sentido épico que en nada tiene que envidiarle a obras como “El Padrino”, de Francis Ford Coppola, teniendo en cuenta que éste figura en los créditos del largometraje como productor.
El gran valor de “My Family” radica en que simboliza el histórico drama que ha experimentado la comunidad chicana para insertarse en esa nación, reflejando  los obstáculos que ha tenido que sortear para abrirse camino y legitimarse tanto cultural como socialmente.  
Otra de las temáticas exploradas por el realizador chicano es el complejo universo de los artistas latinos que intentan abrirse espacio en una sociedad tan competitiva como la estadounidense; pero desde presupuestos estéticos diferentes a los expuestos por el cubano León Ichaso en sus filmes, desde una mirada que ha pretendido mostrar el ascenso y los tantos obstáculos que han tenido que enfrentar en su quehacer artístico, en lugar de indagar en sus conflictos existenciales.
Quien haya disfrutado de filmes como “Selena” (1997) y “La Bamba” se habrá percatado de que los personajes que conforman la filmografía de Nava difieren en gran medida de sujetos como Héctor Lavoe y Miguel Piñero, cuyas vidas atormentadas requerían de una edición desordenada como la cultivada por este cineasta.
En el caso del controvertido cineasta de origen cubano León Ichaso, este ha logrado reflejar con un realismo extraordinario y su irreverencia estilística habitual la dramática existencia de varios artistas latinos en Estados Unidos. Gracias a sus filmes la traumática existencia de figuras como Héctor Lavoe y Miguel Piñero no han quedado en el olvido.
Una cinta como “Piñero” (2001) lograría  mostrar la exclusión padecida por una comunidad que ha tenido que soportar la marginación social en sus múltiples formas, en épocas donde prevaleció la segregación racial que llevaría a dicha comunidad a sumarse en la lucha por conquistar sus derechos civiles tal como en su momento lo hicieron los afroamericanos.
Para algunos críticos, Piñero ha sido la cinta mejor lograda en su filmografía, a través de la cual develó su vocación por una estética desordenada a través de una edición frenética en sintonía con la piscología de sus personajes, tan  reales como la vida misma, quienes encuentran en la adicción a las drogas una manera de expresar su rebeldía e inconformidad con su medio y con la vida en su total complejidad.
En esta cinta Ichaso narra la turbulenta existencia del escritor portorriqueño Miguel Piñero (1946-1988), exconvicto, devenido después en autor de notorias obras teatrales, quien traslada a sus obras su turbulento pasado y experiencias del ambiente carcelario en que transcurrió parte de su vida, en obras que serían trasladadas posteriormente al cine como “Short Eyes”, además de recrear con una fidelidad poco usual en los filmes biográficos el ambiente cultural y literario en el cual se desenvolvería al igual que otros coterráneos suyos cercanos al círculo creativo que bautizaron con el nombre de Nuyorican Poets Café.
Otro chicano que ha logrado desarrollar una exitosa carrera en la gran industria ha sido Edwar James Olmos, no sólo como actor sino como director, exponente y defensor del cine chicano en EE.UU., a través de la estremecedora cinta “American Me”, pretexto para sumergirse en el complejo y violento universo carcelario donde se controla el tráfico de drogas en Estados Unidos, una cinta donde se muestra ese lado oscuro y tenebroso que también ha lacerado el prestigio de dicha comunidad, ahondando en las injusticias y exclusiones que ha padecido y que de alguna manera explican el triste destino de los personajes siniestros que protagonizan una historia tan real y conmovedora como “American Me”.
Me atrevería a afirmar que en las últimas décadas el aporte de los cineastas latinos a Hollywood resulta insoslayable, de manera tal que en la actualidad esta industria del entretenimiento le resultaría difícil prescindir de ellos. La presencia de la comunidad latina en la cinematografía estadounidense ha alcanzado peldaños impensables con respecto a épocas anteriores; pues estos no sólo le han brindado aires de renovación a una industria estancada y sometida a una profunda crisis desde hace varias décadas, aunque las estadísticas en concepto de recaudación de taquilla muestren lo contrario.
Es perceptible que el punto de vista de muchos cineastas latinos ubicados en una posición privilegiada en Hollywood le ha ofrecido la posibilidad de visualizar zonas de la realidad de esta comunidad que antes hubiesen sido prácticamente imposibles de mostrar. Ese es el caso de la cinta “Ciudad límite”, del chicano Gregory Nava, sobre la violencia que continuamente han padecido las mujeres que trabajan en las llamadas maquiladoras, existentes en los límites fronterizos entre México y EE.UU. La impunidad a tan dramática realidad merecía del abordaje de un cineasta tan comprometido con las problemáticas de los latinos como Gregory Nava. Desde cintas como “Salvador” (1980), de Oliver Stone; “Missing”, de Costa Gabras, entre otras, no se disfrutaba de un filme que denunciara con gran valentía realidades silenciadas por los centros hegemónicos del poder mediático.
En el caso del filme de Nava los medios apenas se han dedicado a mostrar las cifras de las mujeres asesinadas en México, en lugar de revelar las verdaderas causas de índole estructural que condicionan la perpetuación de esta infernal realidad.
Revisitemos de vez en cuando filmes como “Queimada”, de Gilo Pontecorvo, que tan ingeniosamente aborda los procesos emancipadores del Caribe para reconocer que la historia de Latinoamérica necesita ser narrada con dignidad; sentimos vergüenza entonces cuando presenciamos acercamientos a la figura del líder de la Revolución Mexicana Emiliano Zapata tan estereotipados y manipulados como el realizado por Elia Kazan en su malograda “Zapata” (1953).
El cine realizado por latinos tiene entre sus principales reclamos reivindicar no sólo nuestra historia y nuestras raíces, sino reafirmar nuestra identidad cultural tan rica como diversa. Somos la raza de un continente que ha despertado del letargo de un prolongado sueño.

 

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