Ansiedad

Por José R. Fraguela


Te acercaste y…, no sé. ¡Cuánto me aflora!,
extraña sensación de amanecida
que a oscuras deja el resto de la vida,
y en cada gesto tuyo se demora.
Te acercaste y…, me di sin resistirme
al festín de tu voz y tu mirada,
naufragaré en tu sonrisa desbordada
ahogándome en tu cuerpo, sin morirme.

Suspendido de ti, del frágil hilo
de mi ansiedad —espejo que refleja
tu luz—, floto en un limbo alucinado.

El día es un continuo andar en vilo,
espera inconsecuente que no ceja
hasta abrigar mi urgencia en tu costado.



Callado

Huérfano de tus besos
no confieso,

huérfano de tus manos
sueño en vano,

huérfano de tus ojos
busco arrojo
contra los malos agüeros…

¡Sí!
Te quiero.


Presencia


Te me fugas de Cnosos o La Habana,
pones el malecón cara al Egeo,
te pierdes en la noche, solo veo
el verso que me das: subo al nirvana.

Laberinto, espiral del coqueteo
de unos ojos —sucumbo— en la ventana,
de una voz en la acrópolis lejana…
Tras logos y placer vas: rey y reo.

Estás en el teléfono, el correo,
en la exasperación de mis circuitos,
en un verso de amor, en esos ritos
ancestrales de gesto y escarceo,
en el recuerdo impúber de unas horas,
en la lluvia, en la luz…, en lo que ignoras.