La página en blanco

Por Manuel Díaz Martínez

En la página en blanco
todo está en silencio,
dormido.

Mi gran placer consiste en despertar
todo lo que en ella duerme,
en hacer
que todo lo que en ella está en silencio
suene.


Árbol en la tormenta

Moviéndose en la sombra, batido
por el viento ciego de la noche,
extiende sus ramas hacia mí
en ademán desesperado.

¡Qué humana su mole gigantesca,
bajo el cielo turbulento,
estremecida por el desamparo!


Vivir


Vivir es levantar un mundo
sobre el mundo
a cada instante.

Es también atesorar recuerdos
—voces como pasos
en la oscura hierba.


Preguntas


¿En qué curva del aire
se perderá mi voz?

¿Desde qué ríos subterráneos,
por qué ojos de qué rocas
volverá
—si es que vuelve—
del olvido a la canción?


Todo es mío


Todo es mío: la piedra y la mañana,
la verdad y el amor,
la llama dura y la ceniza vana,
la noche y su esplendor.

Todo es mío: la paz, la guerra, el cielo,
la tierra, el sol, el mar…
Mis manos pueden horadar el suelo;
y mi frente volar.

Todo es mío: la sed y la memoria,
las rutas los metales y la escoria,
el llanto y la canción.
Todo es mío: la angustia de la muerte
y el músculo indomable que convierte
en fruto la ilusión.


Los anteriores poemas fueron tomados del poemario Mientras traza su curva el pez de fuego (Ediciones Unión, 1984). (N. del E.)