A la manera de Kavafi

Por Alberto Acosta-Pérez

Pero siempre de qué manera me preguntas
que no me dejas nada que recordar
nada que agradecer.
De qué manera disuelves la gloria de estos versos
que ahora suenan como pobres cavernas
como manchas de una sangre desconocida.

Háblame tú, cuerpo desconocido
y adolescente que hace sonar la tarde.
Háblame con la voz de tus tendones,
con tu sangre más ligera que las mariposas.
Toca aquel punto de dolor casi absurdo
donde el placer se vuelve extraño.
Ven, que se derrama el vaso voluptuoso
y mi carne suena al fin hablándote.
Mañana es un espacio demasiado breve
y después no habrá consuelo.

No habrá amor ni amistad ni nada que no sea
el más hosco olvido,
la ingratitud más seca.