Ecos visuales

Por Mariano Ferrer

Ya tocaremos, paloma,
adagios de cuerpo y agua,
Láctea Vía, nuestra fragua
conversará el mismo idioma.
Tú llenarás el aroma
con musicales destellos.
Yo besaré tus cabellos,
tus muslos —¡entre! —
gritarás… y grave el vientre
estampará nuestros sellos.

Ya te verás legendaria
en la prisión del derroche,
como los soles que anoche
arroparon mi plegaria.
¿Quién va a predecir el aria,
la ronda, tanta ilusión,
qué dictará la razón,
qué Dios dirá lo que escribo,
si a tus fábulas le inscribo
tropos febriles de unción?


Concierto 2


A nadie pedí un trofeo,
ni medalla, ni diploma,
fija este edicto, paloma,
levito en ti, por ti creo.
No soy elegido hebreo
ni elixir que el alba anida.
Rosa fabular, ungida,
soy el pastor con su flauta,
Jasón en ti, de argonauta:
tú, placton, jazmín, la vida.

Tú sostienes la bandera
que se aluna en la montaña,
como el amor que no engaña,
ven, mi silvestre sitiera.
Aún más nombrarte quisiera,
arpegio de lo intocado;
mi crucifijo sagrado,
si vuelvo por ti a citar:
“polvo seré por soñar”,
pero “polvo enamorado”.

Y si me guían las flores
he de grabar en la roca,
que si muero es en tu boca
cifrando los esplendores.
Ni dioses, ni gladiadores
desprenderán el escudo.
Penélope, a ti me anudo,
no habrá temor, reino, ¡nada!
A tu servicio la espada,
cuando me llames acudo.