Casi al fin

Por Roberto Rivacoba

Hoy es un día de diciembre
y la muerte está saltando entre las manos
como si el viaje fuera aplazable.
Hay días para chocar con el tiempo
y quedar sin aliento.
Dejo amigos que no me entendieron,
otros que no quisieron entenderme,
los que quisieron ayudarme y no pudieron.
Me llevo tanta tristeza que no puedo compartir,
deudas que no puedo pagar.
Amor parece un día más
para empezar y no para el fin,
pero siempre existen excepciones
y uno sin respetar el libro santo
cree que tiene el derecho
de escoger el día para el descanso
semanal o eterno.
Me voy como llegué,
desnudo y con frío,
ajeno, difícil,
triste y solo.
Me quedan palabras.

Tomado del libro El Siglo, Editorial Ávila. (N. del E.).