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Página de Inicio Autopista sur Obra Literaria de Lázaro Orihuela Martínez Haiku: El dedo que señala a la luna

Haiku: El dedo que señala a la luna

Por Lázaro Orihuela Martínez

El haiku es una selva que nunca se termina de recorrer, en

extensión, en profundidad… Cuando has acabado la selva de fuera, te queda la selva de dentro.

Vicente Haya

 

Muchos habrán leído u oído hablar sobre el Haiku, y pudieran decir que es una forma o Género poético, que nace en Japón, que está compuesto por 3 versos de 5-7-5 sílabas respectivamente, que tiene como tema central la naturaleza y que fue desarrollado por Matsuo Basho.
Para empezar a hablar sobre haiku, siempre se hace necesario dar una breve mirada a la historia del Género y comenzar mencionando primeramente, a la colección de poesía más antigua en la historia japonesa que data del siglo VIII: El Manyoshu. Basho dijo en una ocasión: “el haikai es el corazón del Manyoshu”. Si tomamos este escrito de Basho, se puede ver que de los poemas primitivos del Manyoshu (que exceden por mucho las 17 sílabas), nace el haiku.
Luego del Manyoshu, vinieron otras antologías como el Kokin Kawashu, y con las antologías, autores y representantes de escuelas y grupos de poesía japonesa.
No es hasta el siglo XVIII, que surge como Género el haiku (llamado en aquel momento, Hokku), con Basho.
El gran mérito de Basho está en independizar el Hokku (5-7-5) del Tanka (5-7-5- 7-7), traer al haiku un lenguaje popular y cambiar el sentido “cómico” por el “espiritual”. También nos dejó una de las definiciones más populares y veraces del pequeño poema: Haiku es lo que está sucediendo en este lugar, en este momento. 
El término “Haiku” lo crea Masaoka Shiki a finales del siglo XIX, principios del XX, con la llegada del imperio Meiji. Por esta época, Japón se abre al mundo y rápidamente, ingleses y franceses comienzan a hacer traducciones. De estos, bebe el modernista mexicano José Juan Tablada para traer el haiku hasta los hispanohablantes. Tras Tablada, comienza una extensa lista de poetas que comenzaron a cultivar la poesía corta con aires del Oriente.
El estudio y profundización del haiku, en el mundo hispanohablante, se hizo posible a mediados del siglo pasado, por un grupo de prestigiosos nipólogos españoles, encabezados por Antonio Cabezas García, Fernando Rodríguez Izquierdo y Vicente Haya.
Según Vicente Haya, el haiku, no es literatura. Al escritor de haiku o haijin, No le interesa hacer gala de tropos, recursos literarios  ni ornamentos (tan utilizados en Tablada y en los poetas que le siguieron), tampoco es un “fingidor” como diría Pessoa, es simplemente un “notario” de la realidad (objetiva), un “instrumento” al servicio de esa realidad, que tiene como objetivo prestarle su “garganta” para darle “voz”(dijo José Martí, refiriéndose a un haijin: Él no fingía revelaciones; él no construía mundos mentales… Él se veía como pupila transparente que lo veía todo, lo reflejaba todo, y sólo era pupila.).
Haya retoma la idea de Basho de que el haiku, es el corazón del Manyoshu. Que entre tantos poemas escrito en esta antología, muchos, por la influencia de la poesía china, sí están permeados de tropos (leves), pero hay también una buena parte, donde lo que le interesa al poeta, es eternizar el aquí y ahora de algún momento en la naturaleza. Y es de esa parte de donde comienza a tejerse un hilo, que conecta la obra de los primitivos japoneses que se asombraron-conmocionaron con el misterio de un eclipse, o de lo efímero de la flor del cerezo, con la de Basho, luego Buson, Taigi, Ryôkan, Issa, Shiki, Santôka y con el actual pueblo japonés (se calcula que de 20 a 30 millones de japoneses escriben poesía), de donde salen anualmente más de un millón de buenos haikus.
Como ejemplo de esta poesía, se pudiera citar un poema recogido en el Manyoshu, escrito por Okimaro:
Sin viento, el mar está tranquilo; sólo las olas vienen, rompiéndose a lo largo de la orilla, pero nadie excepto yo se complace con tal espectáculo.
Luego, se pudiera hacer una comparación, en cuanto a recursos literarios, con el famoso haiku de “la rana” de Basho:

Un viejo estanque.
Se zambulle una rana
ruido del agua.

Evidentemente NO se utilizan recursos tropológicos (Basho, influido por la poesía china e impulsado por su espíritu renovador, utilizó estos recursos. Habría que señalar al respecto, que la crítica, ha salvado de su obra, como haikus con calidad, sólo a una tercera parte, dentro de la cual, es muy escasa la utilización de figuras literarias) y en ambos casos lo que interesa, es recoger el momento.
La cuestión del abuso y exceso de los recursos tropológicos en el haiku, es frecuentemente abordada por Haya en sus obras, debido entre otros aspectos, a que es muestra de la desorientación e irrespeto por la cultura y sensibilidad japonesa. En  “Lo Sagrado en el Haiku”, dice:
En Occidente se ha tratado de imitar el haiku, no siempre con éxito. A veces, se han presentado como "haiku", "haikú" o "haikai", o confiesan haber tenido una enorme deuda con el haiku, poemas “tan poco japoneses” como:

Doble fulgor apenas móvil
en la senda nocturna ¿Acaso un búho?
¿Acaso un automóvil?
(J.J. TABLADA)

Ha inventado Barcelona
una sardana que bailan
las chimeneas en ronda.
(CARRERA ANDRADE)

La tierra es para los seres que ha creado
igual para todos
sin Casa Blanca ni Imperio Británico.
(GUTIERREZ CRUZ)

Todo esto no es haiku. Al menos en Japón, estos poemas serían considerados material de deshecho. No hay en ellos ningún sentimiento elemental. Todo es artificio, elaboración mental o literaria (de escasa calidad).

A veces no son poetas menores los que ofrecen esta penosa imitación del haiku. El mismísimo Octavio Paz, Premio Nóbel de Literatura, tiene más de uno que debiera ser excluido de cualquier antología seria:
Me encontré frente a un muro
y en el muro un letrero:
"Aquí empieza tu futuro".

Desde luego no como poeta de haiku, permítasenos la ironía. Asimismo, en el cuento de Bioy Casares "La sierva ajena", se llama "haiku" a algo así:
Noches de Rosario,
tu asfalto oriné
con fervor literario.

A todas luces, esto no se parece en nada a un haiku: un poema que no habla de Naturaleza, ni se ubica en ninguna de las Estaciones, que está escrito desde un "yo" -ni siquiera sensible-, que usa palabras complicadas ("fervor", "literario", "asfalto"), que tiene rima, que es superficial, que siendo de mal gusto no es transgresor, en fin, un poema que no es un haiku.
Recientemente, Mario Benedetti nos ha sorprendido publicando la más desastrosa colección de haikus que no son haikus con que los castellano-parlantes contamos en la actualidad. Veamos uno de sus menos patéticos ejemplos:

Cuando me entierren
por favor no se olviden
de mi bolígrafo

Definiendo esta modalidad de  “No-haiku”, dice Isabel Pose: Para un occidental que intenta escribir haikus hay muchas probabilidades de que el resultado obtenido NO sea un haiku. Algo que no sabemos muy bien cómo llamar. ¿Terceto, poema breve, poetrix? Ninguna de estas maneras de nombrarlos me conformaba hasta el día en que, en una entrevista a la poeta y filósofa Chantal Maillar, me encontré con la palabra anti-haiku. (…) Son anti-haikus porque la “subjetividad” de alguno de sus versos, y muchas veces la del poema entero, es lo opuesto a la “objetividad” que debe primar en un haiku.

Cuba, como país hispanohablante, no se ha quedado fuera de este problema. Quisiera poner ejemplos de algunos autores cubanos que han publicado bajo el título de este género, poemas que funcionan como terceto, o poema breve, o poetrix, o anti-haiku, o Zappai, pero que NO deberían nombrarse como Haiku:

De Raúl Hernández Novás:

Quiero creer
que tu oscuro desprecio
no es parte tuya.

De Samuel Feijóo:

Sueño y hago.
Sueño y no hago.
Hago y no sueño

De Fermín Carlos Díaz:

No busque fuera
La riqueza que escondes
dentro del pecho

De Juan Carlos Gracia Guridi:

El adiós tiene
el encanto sublime
de la nostalgia.


De Bertha Caluf:
El
Tiempo sobre
sí,
y miente.

De Lezama Lima, el “Haikai en gerundio”:
El toro de Guisando
no pregunta cómo ni cuándo,
va creciendo y temblando.

De Juan Luis Hernández Milián:
No intenten
hacer el amor,
él nos hace.

De Pedro Juan Gutiérrez:
Todo el significado del círculo,
No interior, no exterior,
No luz, no sombra

El problema está en que para escribir –Haiku--, primero debemos saber qué es –Haiku--, estudiar sus leyes internas, sus técnicas, su historia y haber leído, para lograr el Haimi, a los clásicos japoneses y representantes del haiku hispanohablante (en el caso de Cuba): Gorka Arellano, JL Vicent, Jorge Braulio Rodríguez, Elías Rovira, Kotori, Momiji, Orzas, Raijo, Mavi. Hay que leer miles de haiku con auténtico espíritu de selección para llegar a saber calibrar lo valioso.
Para iniciarse en la escritura del haiku hay dos cosas que exigen los Maestros a los neófitos: -humildad- y –paciencia-. La primera para reconocer que lo que empezamos haciendo no tiene, o tiene poco valor. La segunda, para estar toda la vida en el camino (Dô) de la comprensión y estudio del Haiku y aún no haber terminado.
Entonces no podemos decir: --Mi “obra” es producto de la evolución del haiku, es la adaptación a lo occidental.-- Sin saber ni siquiera qué es el Aware, o el Haimi, o el Kigo. Que son leyes o características internas de este poema, sin las cuales, por suerte o por desgracia, NO se podría considerar como Haiku.
Si volvemos a la historia y evolución, podemos ver, por ejemplo, que los haikus de Santoka (poeta del siglo XX, omnipresente en librerías y editoriales niponas, comparable en reconocimiento general a lo que podría ser Federico García Lorca en España) escritos a la forma “clásica”, se pueden contar con los dedos de las manos; su obra fue una constante renovación en cuanto a forma y contenido, revolucionó incluso, el shikoo-haiku o haiku moderno (que ya había roto con las pautas del “clásico”), sin embargo, nunca dejó de tener Aware y Haimi, nunca dejó de utilizar palabras sencillas y a pesar de que cultivó el -haiku filosófico-, es referente a la hora de buscar la “mirada limpia del niño”.
Para ejemplificar, véase éste de dos versos de 7 sílabas cada uno:

Nonbiri shito suru         Orinando con alegre desenfado…
kusa no me-darake        Todo plagado de brotes de hierbas

Desde la apertura del imperio Meiji, el haiku pudo evolucionar o transformarse al “modo occidental”, sin embargo, nunca lo hizo.

Haikus como los de Tablada:

Cohete de vara larga,
el bambú apenas sube se doblega
en lluvia de menudas esmeraldas.

O en el caso de Cuba, como algunos de Juan Carlos García Guridi:

Mantel de olas
sobre la arena tiende
la mar, el mar.

O de Bertha Caluf:

Pequeños cangrejos
En las
Manos de
Mi hija,
Como arañas
Que no
Tejen.

Lejos de formar parte de una “evolución” del Haiku, podría decirse que son parte de una “involución”, puesto que se acercan al ya desaparecido “haiku arcaico” (respecto al “haiku arcaico”, antecesor de la época de Basho, dice Haya haber sido demasiado generoso a la hora de clasificarlo como “haiku”, debido a que suele emplear la personificación de los seres de la Naturaleza; utiliza la metáfora ; es muy proclive al humor; es un haiku ligero, que sirve de pasatiempo, poco emotivo y muy elaborado).

Véase éste de Sôin:

La glicina (trepadora) del pino
parece un pulpo
subiendo a un árbol.

O éste de Teitoku:

Una nube (que parece) una serpiente
se traga la luna
¡como si fuera una rana!

No en vano, dice el Maestro Rodríguez Izquierdo en su gran obra “El jaiku japonés. Historia y traducción”, cuando presenta las conclusiones de la parte histórica del trabajo:
Creemos muy difícil que el haiku no japonés pase de ser un arte menor entre los poetas.
Y luego:
Recuérdese el consejo de Blyth: «El haiku es un dedo señalando a la luna. Si el dedo está enjoyado, no vemos a dónde señala.» El haiku ha de rehuir el recargo y el artificio.

Pero por suerte, en medio de esta tormenta de “haikus” que NO son Haiku  y de una moda de las Editoriales cubanas, promotora de poemas cortos que, por haberse publicado bajo este título, carecen completamente de calidad. En nuestra isla contamos con la presencia de un estudioso y haijin, de quien han salido, por su labor formativa, directa o indirectamente, todos o casi todos los haijines de la isla (Lester Flores, Lázaro A. Díaz Cala, Sinecio Verdecia, María Quintana Freire). Hablo del antes mencionado entre las primeras espadas del haiku hispanohablante: el Maestro Jorge Braulio Rodríguez, creador del blog En clave de haiku  (http://enclavedehaiku.cubava.cu/ ), una verdadera fuente para conocer el Haiku y la cultura japonesa. Es autor de una selección y traducción de senryus del norteamericano Richard Wright, publicada por la editorial Arte y Literatura y del libro de haikus Todo en Tres líneas, publicado por la editorial Gente Nueva. Ha impartido talleres y conferencias sobre el Haiku en Suecia, Bolivia, Brasil y Cuba.
Y me gustaría cerrar este breve ensayo con composiciones de su autoría, como muestra de lo que es verdaderamente –Haiku--. E invitar a los escritores, artistas y en general al pueblo de Cuba a sumergirse en la Selva de esta impresión natural que se hace poesía

Sobre la piedra,
un lagarto y la sombra
de otro lagarto

Brotan del álamo
que derribó el ciclón
ramitas verdes

Otoño cálido
El gallo hurga en la arena
y se acomoda

Soleada arena
Un gorrión en el hueco
que hizo el niño

Mar invernal
Retrocede el palomo
ante la ola

Surco recién abierto.
Retorciéndose brilla
la lombriz

Duna a la sombra.
Un cangrejito
en cada agujero

Polvo del Sahara.
Donde acaba el camino
arde un almácigo*

*Bursera simaruba

Por donde pasa
La sombra de la nube
Qué quieto el mar

 

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