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Siglo XXI

Vivo en ti
en tu agujero de ozono
en la curva eléctrica de tu muerte
vía satélite
con una lata de refresco en la mano
y a control remoto


Diana Bonilla

Qué

No me mires así.
Aún es un maleficio desearnos,
y   volver a morir
en el mismo recuerdo que nos incendia.
Si te dolió el mar irme mutilado,
lo que quieras explicar es un fantasma
torceduras
cicatrices
Yo era aquélla y ahora soy esta piedra,
el segundo que orbita en el reloj castrado del insomnio.
Qué,
no  me mires así.

Diana Bonilla

Poema para corno y mujer en rojos

El monstruo no es el poema
es quien te habla embozado
y pide tu llegada
a este astillero calcinado
de oráculos salobres,
náyade de alguna Venecia,
epigrama mujer sobre la córnea del tiempo,
réquiem de cornos para un último viaje
ungiendo la médula del poema,
aurúspice de sonidos rojos,
lamia ensombrecida dentro de la nota de algún dios.

La fragua negra del Héspero
lleva consigo el gorjeo de los peregrinos,
el altar de Citerea ha sido profanado
por cinerarios civilizadores,
los monstruos metálicos
han violentado la tranquilidad
de ojos garzos del cansado Júpiter,
en las arenas de Naxos
reside la corte de un poeta
mientras el piloto Palinuro
le reclama a la oscura tormenta
sus días y sus noches.
Prometeo mal encadenado
organiza la sublevación de los signos
preso del cielo oscuro de sus deseos,
cada día una muerte pequeña,
la tristeza de mi último hombre
entregada a la polvareda de unos ojos
que aparecen basiliscos
con los primeros toques de diana.

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Manzanas muertas para Eva

a María Elena Rodríguez


Descubrirás esto algún día, arañando dentro de ti la luz,
la sed perpetrada de todos y los otros que no se olvidan.
Será la muerte aquélla hermana de tus citas vacías,
con la puerta abierta y la ventana mirándote.
Más allá quizá una pléyade,
una galaxia enrojecida que llamarás Dios
hasta oler tu propia  sangre.
En la desgracia sólo hay un árbol en llamas,
la procesión de una serpiente enterrando el perdón entre tus carnes.
Ante las ruinas de la cruz verás a un ángel
encender la tempestad en cada cirio y a los demonios abandonar
la hora en que te parió tu madre.
Y sin embargo, pareces tan dichosa.
En medio de la gente tu silueta se propaga de ojo en ojo
y ya nadie puede distinguirte del bien y el mal.
A quién vas a decírselo,…a quién.


Diana Bonilla

El hogar puro 

A Uberto Stabile


Yo no te confesé que miraba a un minotauro emerger de la oscuridad
cuando era niña, con su fulgor y sus colmillos de vidrio.
No te hablé nunca de la emboscada que me tendió el espejo ni de Emilio
escuchando a los Beatles o de mi padre explicándome quién fue Lucio Cabañas.
Siempre evité los lugares comunes, como el primer beso.
No era el hogar puro, nada estaba en su sitio.
Y eran muy altas sus llamas.
Todo parecía colmar aquella sombra inmensa en mis ojos, si hubo algún cielo
no lo hallé y si existía el mar lo había olvidado.
Extranjera de mi propia adolescencia, la viví como usurpadora
ante el charco de sangre entre mis muslos.
Qué hubiera sido de mí en el escaparate de un balcón?
Sin el vértigo de la palabra a solas y mis voces de mañanas nostálgicas, neptunas.
Habitante del espejismo de sal de una página, no sabía pensar en ti
para ofrecerte las historias de mi espíritu, los titanes jóvenes y obscenos
de mi pecho, tan cerca de mis recuerdos de gitana triste.
Esta es mi habitación, la de la Luz Siemprencendida,
con la puerta en guardia por si alguna vez regreso.
Y desde la ventana los miro a todos deseándoles el Bien, la Suerte
y mi amable resistencia.


Diana Bonilla

Desde la tierra de la salamandra

(Fragmentos)
VII

Desde el fuego hablo
sin ser ceniza enamorada.
Es una libertad encarcelada la última vanidad
que le queda a mi  poema,
alumbrando tu oscura presencia
sin poder mirar atrás,
un vano rosario de palabras,
un delito con tu cuerpo
que me prestas
para darle el peso justo
a mis sordos ojos,
agrietados tras tu sombra.
Desde la tierra de la salamandra
siembro un último asombro,
eclipse de memorias
leídas por tu culpa,
mariposa en violeta
asesinas mi cordura
y entonces te amo.


Rodolfo García

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