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Tristezas nacidas en las profundidades secretas de Pablo Neruda

Pablo Neruda recordaba, que los días de la infancia fueron sus únicos personajes inolvidables, fue la lluvia. La gran lluvia austral que cae como una catarata desde el Polo Sur, a los cielos del Cabo de Hornos, hasta llegar a las fronteras. En esas fronteras, o Far West de nuestra patria, es allí donde Neftali Ricardo Reyes Basoalto, nació a la vida (12 de Julio de 1904), a la tierra, a la poesía y a la lluvia. “Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza/del cielo se abre como una boca de muerto,/ Tiene mi corazón un llanto de princesa/olvidada en el fondo de un palacio desierto…”.
Su poesía y su vida han transcurrido como un río americano, como un torrente de aguas de Chile, nacidas en las profundidades secretas de las montañas australes. Su poesía no rechazó nada de lo que pudo traer en su caudal; Pablo Neruda aceptó la pasión, “Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes/ a tus ojos oceánicos…/, desarrolló el misterio, y se abrió paso entre los corazones del pueblo: “Era bueno el hombre, seguro/ con el azadón y el arado./ No tuvo tiempo siquiera/para soñar mientras dormía…”.
Le tocó padecer, luchar, amar y cantar: le tocaron en el reparto del mundo, el triunfo, la derrota, probó el gusto del pan y el de la sangre. “…No me gusta en el viaje/ hallar, en los rincones, la tristeza,/ los ojos sin amor o la boca con hambre./ ¿Que más quiere un poeta? T odas las alternativas, desde el llanto hasta los besos: “Mi alma es un Carrusel vació en el crepúsculo”.

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Ausencia

Cumplió los 78. Un arisco mapa de arrugas surcaba su rostro, y se movían alrededor de los ojos tristes de Don Castulo, mientras sus manos callosas y curtidas secaban las lágrimas, que corrían con infinita transparencia por sus mejillas.
El añoso algarrobo de cáscaras escamosas y don Castulo parecían haber venido al mundo a un mismo tiempo, y a los pies de ambos el montículo lúgubre en esa tierra tan suave y a la vez tan rustica, con una estaca de quebracho tallado por manos expertas en uno de sus extremos y ocupando un minúsculo espacio de la sombra, estaba ella recientemente sepultada.
Después de un interminable momento el viejo se alejó del lugar musitando algo así como un réquiem mientras se encaminaba a su rancho, distante unos cien metros del lugar. Después de pasar la primera cerca que separaba el camino de la charca, visiblemente consternado por la pena, giró la cabeza hacia el río lejano, donde las ondulaciones del agua devolvían los reflejos del sol como un sinnúmero de espejos rotos que danzaban al compás del viento.

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La SECh en el sepelio de Neruda

Discurso del Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile
(SECh), poeta Edmundo Herrera, en el Cementerio General,
Santiago de Chile, 26 de septiembre de 1973.

Traigo esta mañana las palabras de la Sociedad de Escritores de Chile, SECh, para quien viviera desvelado por ella. Uno de sus forjadores que supo poner el corazón alerta al servicio de la dignidad del escritor y el hombre de Chile. Pero hoy el frío de la soledad nos azota despiadadamente.
Aquí estamos los escritores desgarrados porque el hermano mayor emprende el camino sin regreso. Aquí están los barcos a la orilla del mar, en medio de la tempestad.  Aquí están los viejos veleros amigos, agitando los pañuelos.
Sólo podemos traerte esta mañana todas las manos de Chile que quisieron llegar a tu lado, para que sepas que el fuego que tú encendiste está vivo en cada corazón. Toda tu vida, tu trabajo siempre fue a favor de Chile, de sus hombres, a favor de la vida del hombre. Una lección que no olvidaremos. Más allá de las líneas estéticas, tu aporte a la cultura nacional es inmenso. La proyección de tu obra ya la han señalado los estudiosos. Yo no vengo a dictar cátedra: vengo a decirte, compañero Pablo, que un dolor grande, un viento doloroso golpea el centro de nuestras vidas.

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Ambrosía

sentir el ritmo
y
sumergirse en el cántico de las aguas
el grito
revela el paladar-líquido del rocío-carne
moldura inclinada sobre un cáliz de música y palabras


I


en la barranca
pintura de miedo
perfume de luna

con trenzas de árbol
tejo un columpio
y bailo en las estrellas
la ronda de los sueños


II


con vestes estelares
dragones en la cintura
las caras de la luna
en el peregrino dorso

en la acuarela
gritos
destrozan
girasoles

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