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Página de Inicio Argos Obra Literaria de Pascale Lora Schyns Ahojarse dejar de respirar

Ahojarse dejar de respirar

Por Pascale Lora Schyns

Ahojarse
dejar de respirar
poco a poco
con brutalidad
y ni siquiera intentar moverse para salvarse

La única persona cuya ayuda pedirías
es la que te mantiene la cabeza por debajo del agua
la que quiere acabar con tu vida
porque tú querías salvar la suya.


Te mueres
y sigues enamorada de la sutileza de una piel
que te rechaza
te humilla
te aborrece


Tus lágrimas
puras
se mezclan
al líquido odioso de su maldad perversa
que se ríe mirando tu aniquilación.

Y más te empuja hacia el fondo submarino de su rechazo
más se deshace tu cuerpo desnudo
abierto por el cuchillo de su desprecio,
más sube tu alma
hacia lo que sigues esperando tenga de virginidad
que no descubrieron
que no le quitaron.


La muerte no existe para quien ama
Es un concepto
y los conceptos se desvanecen
No existen
No existen
si los cazamos con un soplo ligero
tan ligero que los sorprende
y se van
pensando que se quedan.


La merece
No la merece
La merece su falta de orgullo
No la merece su corazón amante
que por no querer enfrentarse
acepta lo inaceptable
Por miedo de no tener lo único
por lo que merece la pena luchar
No luchó
por no querer imponer sus ideas
sus sentimientos
Renunció desde el principio
perdido
Y ahora no entiende
porque la ahoga quien nada pedía
quien todo pedía

Merecido desprecio.
El amor no puede permitirse aceptar su propia debilidad.
El amor es fuerza pura.
Lo tiene que imponer quien lo quiere entregar.
Con sus armas y las otras.
Con fuego con fuego helado si es necesario.
Con odio si es necesario
Con odio y siempre con compasión
Con debilidad
sin miedo de enseñarla
sin permitir el rechazo
Utilizando todos los métodos permitidos y prohibidos
sobre todo los prohibidos



Cuándo llegará el silencio
y con él la muerte
nacerá el ruido

El ruido de la vida que podía ser
que perdieron
por rechazar lo que en realidad querían.

Tarde
demasiado tarde.

Después de pasar al lado
al lado de todo
de su vida
y hasta de su muerte.


Los silencios agudos
de tu voz
helada
por el calor de tu corazón apagado
desgarran el espacio que me separa de ti
que me acerca
que te aleja.


Fósil ictiófago
con el tiempo
con los años que pasan

Sin que te atrevas
a gritar
o solo a murmurar
lo que ya no sientes

Pero sí sientes
el daño que te hicieron
los amores que te quitaron
las promesas que no cumplieron.


¡Que salgan del silencio letal
tus emociones, que sí tienes
Que saltan a tu cara
tus propios gritos de compasión
Que te coman el rostro
hasta hacerlo desaparecer
Que te destrocen el cuerpo entero
Que dejen vivo, expuesto a todos los peligros, tu corazón
Para que por fin aprenda a latir!
Basta ya
con tu silencio asesino de los buenos sentimientos.
Basta ya
con el odio que llamas indiferencia.
Hay que vivir.
Sin ruido no hay vida.        Sin ruido gana la muerte.


Dudar y creer.
No dudar y no creer.
Allí está todo.
Allí se encuentran el silencio y los gritos.

Hay colores que no se pueden mezclar.
Destiñen.
Uno esconde el otro.
Eclipsa al otro.

De tanto gritar la voz enronquece,
se pierde en sus creencias equivocadas,
se vuelve silencio.
Y por fin son uno el silencio y los gritos.
Abnegación.


¡Abnegación!
¿Allí había que llegar?
¿Tan alto había que caer?



Hacer crecer la semilla de otro
como si fuera suya
y que luego se vaya.

Rechazo.

Circunstancia atenuante.


Cuando reina la indiferencia
no hay muerte
no hay vida

Hay algo sin nombre
más fuerte que la vida
más terrible que la muerte.


A tanto decir que no le importaba
Le importó.
Al querer ser tan transparente
Al no tener secretos
se volvió opaco.
Por los recuerdos tapados que no pudieron irse.
Por los dolores nunca padecidos
latentes
que no se irán antes de dañar lo que de él queda
Porque algo queda       sea solo el recuerdo
de lo que tapaba el velo nunca deshecho.
Enfrentarse a los recuerdos
para que sean solo recuerdos.
Fantasmas.
Circunstancias atenuantes.


Brazos
Brazos serpientes
Quitan la respiración
Hielan la sangre
La calientan
La desintegran
En gotas
Gotas de miedo
Gotas de frío
Gotas de odio que busca la forma de amar
De odio que odia el odio que ama.


Brazos apegos
Brazos lazos
Brazos latigazos
Dulzura intensa
que rellena los vacíos
que expone las heridas
a los mordiscos de la nada
que ya no existe     que ya es algo
algo que crece y crece
y ya no puede parar de crecer.
Brazos llenos
de lo que el corazón no puede dar;
no quiere dar.
Brazos emociones
donde se tuerce y retuerce
el vientre mortificado de quien recibe.

Ensoñar lo que los ojos abiertos rechazan
Lo que rechazan
por miedo a que la realidad no sea tan dura
como lo dejan suponer los sueños irreales
del hombre real
que no quiere admitir
que la sencillez es muy sencilla
que no hay que buscar tan lejos
lo que tenemos en la mano

En la mano
a falta de tenerlo en el corazón
Ya que el corazón no existe
Si es que            
el corazón no existe.


¿Será que el amor
Prisionero de tantos compromisos
Prisionero de su propia incapacidad de amar
Solo puede invitar a odiar el amor?

¿Será que no piensa quien no cree en el amor?
Por eso no cree
Por eso no late
Por eso no vive.

Lo cual había que demostrar.

Circunstancias atenuantes.


Y de repente
el dolor sofocante   degollante   inaguantable
pero que se aguanta porque no hay otra
porque en la desesperanza
sobrevive un rayito de esperanza
Que no sea verdad
Que no sea como lo parece
Que la puta vida no sea tan mala
Que la crueldad sea un juego     nada más

Quien ama sufre
Quien no ama muere
Muere porque no sabe que no vive
Hormiga entre las hormigas hormigueando
Agitación que es otra forma de muerte
Rellenada por la nada del desamor y la negación del querer.

Hormiga que ni siquiera se mueve,
ni siquiera intenta saber si hay vida
si hay infierno.

Y el dolor que crece
que se hace humillación
que se pone de rodillas
y sabe que nunca nunca nunca
hay que ponerse de rodillas
caer caer
dejarse caer
esperando la mano que evitará se aplaste en el suelo.
Splash.
Se estrelló.


Mujer degollada una y otra vez
por el silencio        por la cobardía.
La cobardía no tiene circunstancias atenuantes.
El hombre cobarde no es un hombre.
Barrera de hielo
disimula las intenciones    los pensamientos malos.

Y luego    sin decir nada        poco a poco
construir otra barrera
más fría        más sólida
y echar al hombre
que finge no entender
que finge ser bueno.


Vuelve a golpear
Más y más y más y más golpes    golpes    golpes.
Ya.

De su corazón no queda nada     nada
pero seguirá golpeando
por si acaso.

Más y mejor
allí donde sabe que duele
y     cuándo     más duele.

Lo sabe     lo sabe     lo sabe     lo saben todos.
Al no saberlo no lo harían
¿O igual lo harían?


Por el miedo de perderlo
que se vaya     que la eche    sin decirle
sin decirle nunca I’ll be home for Christmas
porque allí es donde no la quiere
en su vida    en su Navidad.
Vergüenza    Vergüenza le da     
que la vean    que sepan.
Que sepan.
Quién    quién    quién    y cómo     por qué.
No hay respuesta.
Solo hay golpes y golpes y golpes y cada vez más golpes
golpes que nunca paran que nunca paran
que nunca van a parar
porque  Él  solo vive     solo respira     solo sueña
cuando sabe que daña y más y más y más.


Y eso que amar no es sufrir.
Que amar es sonreír
Que amar es reír
Que amar es soñar
Que amar es volar
Que amar es proyectar
Que amar es sentir
que la vida vive
que la muerte nunca llegará
que amar es vivir
vivir vivir vivir y vivir otra vez.


Pero llegan más golpes.
Y más y más y más.
Hasta siempre y para siempre.

A menos que…


Quien ama     siempre perdona
y quien no sabe amar,
se niega a amar,
siempre golpea

Más circunstancias atenuantes no habrá.
Ni una sola más.
Ni una más.
Nunca.


Ya no hay golpes.
Ya no hay lágrimas.
Ya no hay amor de dirección única.
Dos notas de blues y allí el mañana
el mañana al otro lado del océano.

Sin golpes.
Una mañana sin golpes
Con dos notas de blues
Y que se quede él con las circunstancias atenuantes
Que se las trague
Cómo ella una vez su semen.


Let me listen to the blues.
In a blue bar
With a blue beer
A blue night
A blue lover.

To forget.
Olvidar los golpes

Dos notas de blues.
Solo eso necesitaba
Para olvidar el que iba a amar toda la vida.

Dos notas de blues.
Y ya está.

 

 

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