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Página de Inicio Argos Obra literaria de Arlette Valenotti Recuerdos vacíos

Recuerdos vacíos

Por Arlette Valenotti


Hoy, inútilmente, quise regresarte
traerte a tantas horas gastadas
y ya camufladas por el tiempo.
La memoria olvidó recordarte
y se arrinconaron todos los poemas en el alma.
Tus palabras se colaron
por las rendijas de mi piel
solo quedó a flote un suspiro.
Y el reloj hizo el resto.


Abismo

Serpenteando mis huellas
con el sol a mi espalda
sigo la senda segura
a los precipicios
de todos los azares.


Mensaje urgente


A Iliana


Baja, por favor, baja...
sabes que te espero.
Hoy tengo urgencias de un milagro,
ese que te trae como ángel,
que besa mi frente
y desaparece.
Baja, por favor,
hoy tengo urgencias de un milagro,
de largas charlas
y ponerte al día.
Tengo tanto que contarte.
Baja por favor, baja hoy,
sabes que te espero...
me debes ese milagro.
Quedó pendiente un beso,
pero sin sabor a despedida.


Carne y piel



“De modo que vestirme de mi madre,
va dejando pacientes pechos
carnosos, una piel endulzada de espasmos,
y el hallazgo de mi rostro.”
Caneo Arguinzones

Tu carne revela mi piel,
ilumina mis huesos,
indulta mi sobrevida
y sus imperfecciones.

Comprime mis muecas,
risas, llantos.
Domina y transmuta
sonrojándome las mejillas.

Tu carne celebra con mi piel,
me viste de vida,
de hija,
de madre.
Me viste de mujer                                                                          
y engalana el espejo.

Entre tu carne y mi piel
no hay cuerpo que defina
ni espacio que limite.
Imagen y sombra.

Tu carne,
se nutre de gritos en silencio,
me suplica:
¡no me desnudes, moriría!


Presagio

Mi memoria se está alimentando de ti.
Cuelga de una lágrima que no cesa,
el sollozo manso se resiste
a que seas la ausencia pendiente...


Efímero amor eterno


Aquí, el amor
obedece a escalofriantes miradas
ardiendo en llamas
como exterminio de sus deseos.


Andares


Soportando el hambre
y la sed de los tiempos
con el dolor a cuesta
y la fatiga en los pies
el destierro espera
abrigando mis sueños.


Despertar


Seguramente tu nombre
fue lo primero que escuché al nacer:
¡Dios te Bendiga!
¡Dios!, ¡Dios mío!, ¡ay Dios!
Luz, energía... promesa
vida, muerte... tiempo
todo
todo y nada
nada sumergido en todo.
Palabra constante
en los buenos augurios
y en la conciencia del infortunio.
Dios de los mil rostros
vistos en pantallas
en marketing entre mensajes divinos
captando creyentes de laboratorios
ofertando vida eterna
en el salvoconducto de una estampita.
En tu nombre, invocan guerras, muertes...
justificados en odios ancestrales
enraizados en gentilicios.
Aun así,
te siento
me inspiras
me enseñas a amar
me rodeas
estás en mí
te escucho
no hay momento
que no te nombre.

Te reflejas en los dones
que a diario recibo.
En mis padres
mis hermanos
y en la continuidad de mis hijos.
En los amigos que conjugan
ternura con locura
tarareando, en una sola voz,
una misma canción...
En tu tiempo perfecto
de cada sueño logrado.
En la justicia
que sé existe y se manifiesta.
En la naturaleza sabia
y de vientre sagrado
pariendo vida.
En la esperanza
inagotable de un suspiro...
Dios del amor infinito
que no muere con la muerte
por los siglo de los siglos...


Recuerdo abstracto

Permíteme suspender tu recuerdo
a la mitad del camino.
Ya miro la calle ciega
y el horizonte aparece,
más por deseo que por ilusión.
Deja que el tiempo te detenga
y te convierta en lo que nunca fuiste:
rumor denso de otra orilla.
No sigas mi rastro
el ruido de tus pisadas
ensordecen mi destino.
Detente, tu compañía no es tal,
solo me recuerda que la soledad no me suelta
y tu parecido con ella es evidente.
Quiero un día voltear
y solo ver de lejos
tu silueta consumida en tu sombra.


Redes


Y tomamos asiento,
frente a frente,
no faltó ni el suspiro inquieto
de un tímido "me gusta".
Abrimos nuestros poros
derramamos sudores.
Nos inventamos historias
nos las creímos.
Construimos una vida
en laberintos de redes
engañando verdades
cegados entre marañas ficticias
y reflejos alucinantes
quedando atrapados
entre rejas ilusorias
y espejismos de furias.

Una mañana,
el cómplice café sobre el teclado
fue nuestra mesa servida...
pero, en un juego mortal,
mis ojos fijos en la pantalla,
y los dedos golpeando letras frías ,
quedé esperando una respuesta
que no llega...

Entre lo virtual y lo real
se desvaneció el palpitar
de ingrávidos sueños acelerados
ahora cerrados por un click.

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