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Página de Inicio Argos Obra literaria de Arlette Valenotti Bendigo al poeta

Bendigo al poeta

Por Arlette Valenotti

Bendigo al poeta que tiene la fuerza
de sacarle una sonrisa a las piedras,
sangre a un árbol,
eternizar la belleza de una rosa.
Que sabe erizar la piel del hielo
y extraer un suspiro de tu alma muerta.


Entre soledades y amaneceres

Entre soledades y amaneceres
hay largas noches
aferradas a una luna.
Hay un te quiero frustrado
durmiendo en media cama tibia
y un nombre apretado entre dientes…

Entre soledades y amaneceres
hay un cielo consumiendo estrellas
hay unos pies cansados
de andar una vida sonámbula…

Entre soledades y amaneceres
hay una manta
calentando una noche fría
y mil sueños dormidos
en una almohada mojada…

Entre soledades y amaneceres
solo quedan tres cómplices:
una lágrima mañanera,
un poema
y las manos de más soledades
que invitan a bailar la ronda
de nuevos amaneceres.


Disculpa

Disculpa la osadía…
si fui indiscreta, disculpa.
No fue culpa mía,
pasaba por tu vida
y vi la luz de tu corazón encendida.

Entré y tomé asiento
me creí en casa
recorrí cada rincón
descubrí tus secretos
y me serví café.

Tu corazón apretaba
me sentí protegida.

Luego, una brisa helada me sacudió.
Corrí a cerrar las puertas…
apagué la luz.

No temas
no digas nada.
Conozco la salida.


Tu cuerpo, mujer

A Norma:
Gracias por diseñar mi vida
amasándola en bendiciones


Tu cuerpo, menudo y perfecto
tu cuerpo, ágil, inquieto
incansable de amar.
Pariendo sueños, amasando hijos.

Tu cuerpo, curvas de toboganes
suben y bajan meciendo juegos.

Tu cuerpo, olor a talco,
de avena recién hervida
gotas de vida, calman la sed
consuelan llantos.

Tu cuerpo de  desvelos,
pechos de cuna…
es ahora, sin defensa
sin juicio…
y sin delito…
tu verdugo
tu celda
tu tortura.

Tu vida quedó encarcelada
entre rejas de huesos.

Sumergida y perdida
en la mayor soledad
de tu cuerpo.

Con los ojos vendados
buscando salida...
se escuchan tus gritos mudos
cuando escapa una lágrima de libertad.


Credo para Aquiles

Creo en el niño todopoderoso, creador interminable de sueños, que todo lo alcanza, su inocencia lo hace grande, no mide alturas. Jinete incansable en tu caballo bien bonito que comía flores y pintaba el cielo.
Creo en el niño todopoderoso, héroe de miles aventuras… luchador y defensor de tesoros escondidos bajo la almohada.
Creo en el niño todopoderoso que engrandece la sencillez de una cabullita, un trocito de papel, un trapito, un carrete… convirtiéndolos en todo un mundo de colores y hazañas.
Creo en ti, Aquiles, grande entre niños… todopoderoso de las cosas más sencillas.
Tu infinita ternura la conjugaste en el trinar de un ruiseñor con los sueños de Picasso, de Charles Chaplin, de Hans Christian Andersen y del gato de Alicia con su mirada fija en una muñeca de trapo.
Genio, más allá de las palabras entre humor y amor. Amante del decir bonito.
Creo en ti, Aquiles, y en tu alma inmortal de niño.


Nanas mudas

A los niños de la guerra


No te duermas, niño.
Juega siempre, siempre
que la pelota sea un eterno rebotar.
No duermas,
la noche es el desvelo hambriento de tus sueños,
alimento de zamuros nocturnos
rondan amaneceres,
acechan lunas.

Nanas mudas,
no las escuches.
Nanas asesinas,
van por ti.

Corre…
Corre y defiende tu inocencia rota y descalza.

Defiende tu risa, escasa de dientes… pero libre y pura.
Sálvate del coco que sí existe y no duerme.

Huye, niño hermoso,
huye del ruido de las sombras.

Hijo de la calle…
Hijo de la guerra…
Hijo de nadie…

Tu alma deambula grandes escenarios,
de donde brotan gritos eufóricos
que van a tu acelerado pecho de humo.

No duermas, niño inocente,
que la luna no canta nanas…
Sigue imaginando sueños ajenos que nadie te quitará.


Y las bombas caen

Las bombas caen…
Un niño trata inútilmente
de no escucharlas.

Las bombas caen…
Corre… corre y se protege
entre los escombros de paredes y piedras de su escuela.
Desde allí aprende de un tajo su peor lección:
¡está solo!
Cierra los ojos a la realidad.
Su realidad incrustada en su débil piel será su armadura de costras,
su fortaleza en cada herida
y su inocencia ya frustrada.

Las bombas caen…
Un niño llora,
no se atreve a gritar…
su mano lo impide.
se aferra a una pelota desinflada
que ganó en el último juego con la muerte.

Las bombas caen…
Ya no mira al cielo
siente su terror,
no entiende de culpas
y se siente culpable.
El castigo le truncó una vida
y una promesa de vivirla.

Y las bombas caen…


Ciudad perdida

Sé, estoy en ti
y estás en mí,

pero no te veo.

Me involucro en tu alma,
la transito,

pero no te veo

En ti tengo mi espacio,
mi destino,
mi aire,
mi ahogo,

pero no te veo.

Diseñas mi vida
en garabatos urbanos,
me arrojas al ruedo de la muchedumbre
hambrienta de ti,
me dejas sola,

no te veo.


Me reconozco…

Me reconozco entre tantas y tantas
con las alas recogidas
soñando en extenderlas
y elevarlas a encontrarse
con un sueño secreto.
Con un sueño que despertar
y despertando sueños en otros…
Simplemente mujer…


Poema...

Estás allí,
callado,
esperando el momento propicio
para echarte a volar.

Estás allí,
esperando una lágrima,
tal vez una sonrisa,
dentro de una palabra
que no te atreves pronunciar.

Estás allí,
en un papel ajado
tirado sin puntería,
con palabras gastadas
y un corazón dolido.

Estás allí,
en el impulso de un beso
que acelera lo pasos
adonde quieres llegar.

Estás allí,
en el arma latente,
del hombre que lucha
y sueña en libertad.

Estás allí,
en el deseo reprimido
pidiendo a gritos
romper cadenas y volar.

Estás allí,
en la mujer sumisa
que acude a un suspiro
y se permite soñar.

Estás allí,
en la fuente de una madre
que gota a gota
rebosa una vida y la invita a jugar.

Estás allí,
en el café de la mañana
donde sumergen besos y panes
que dan fuerzas de jornadas diarias.

Estás allí,
en medio de la nada
conjugando sentimientos
acechando corazones,
justificando pasiones
en un torbellino de verbos y palabras. 


¿Qué tan grande es el monstruo?

¿Qué tan grande es el monstruo?
solo con levantar su dedo aniquila todo sentimiento.
Siempre creí que alzar la voz
multiplicada en mil voces
sería una montaña sólida,
una muralla de almas blindadas.

¡Qué lucha tan cansada
entre suspiros incansables!

Cada día es el latir que no cesa…
un corazón renovado
tratando de levantarse
y crear una fortaleza.

¡Qué lucha tan cansada
entre suspiros incansables!

¿Quién supera el poder del monstruo?
¿Quién lo enfrenta?
Confundo al enemigo.
De pronto me doy cuenta
de que solo se trata de un dedo…


La sombra acecha

Camino entre sueños derribados
Camino entre lágrimas secas…
camino entre despojos de vida
me cruzo con miradas perdidas.
Cada sonrisa: una mueca.

La muerte se siente triunfante,
feliz y enamorada…

Camino entre sombras,
buscan sus cuerpos.
Camino y camino…
Me pierdo en mi propia piel.


Hojas secas

Eterno transitar
libre de equipaje y culpas…
solo al viento pertenecen.
Esclavas de tempestades.


Musas tímidas

Sal de ahí…
no te escondas, poema…
versos en la piel,
escondidos en los poros.
Anda y lúcete.
Dilo todo, es tu momento…
la timidez no vale nada.
Es ahora, atrévete a salir.
No te escudas entre papeles ajados
mal apuntados a una cesta,
tintas malgastadas…
¿De qué te sirve ahogarte en la boca?
¿De qué te sirve triturarte entre los dientes?
¿Sabes? pierdes tu tiempo.
Se te nota la sombra,
no la puedes ocultar…
Ven, toma mi mano, te ayudo a gritar.



 

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