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Página de Inicio Argos Obra literaria de Arlette Valenotti Solo queda…

Solo queda…

Por Arlette Valenotti

¿Ya?, ¿eso era todo?
Aquí, parada,
no me queda más que ver tu espalda
salir de mi vida.
Mientras desapareces
escucho mil letanías de promesas
que quedaron pendientes.

En tu sombra,
que es lo más cercano a ti,
se proyectan:
una muñeca vestida de azul, sin brazos,
una ronda de arrorrós,
doce cajas de niños jesús escondidos,
un suéter cuello tortuga,
mi maestra Rosa,
una amiga confidente,
una canción que solo tarareo…
un sueño…
dos sueños…
tres sueños…
mil sueños imposibles
y un sobresalto de alegría,
un torpe baile,
un disco de Serrat,
un amor secreto al acecho…

¡Espera!
no he terminado…
y ya sustituyes tu sombra
por recuerdos
y los conviertes en huellas.


EL torniquete de tus pestañas

Desde tu insistente señal que hizo detener aquel transporte
cargado de prejuicios y frustraciones…
tu largo brazo bronceado y tus infinitas uñas púrpuras
serían el motivo de un viaje interminable
entre risas mudas y miradas fijas y vacías.

Te sientas en el primer puesto,
ese, donde puedes ver a través del espejo retrovisor
los puñales que, con gran acierto, logran clavarte.

De nada te sirve el ceñido jeans,
tu blusa blanca transparente…
el campanear de tus pulseras…
los tacones que te elevan
a los centímetros que la naturaleza te negó…

De nada te sirve el cabello largo
deslumbrando el tinte castaño claro…
de nada te valió las horas frente al espejo
empolvándote las mejillas… ellas, se ruborizan solas.

Tus rojos labios, gruesos y rectos,
no dibujan el semicírculo de sonrisa alguna…
solo tus pestañas hacen vida en ti,
cerrándose en cada mirada penetrante
que logras atrapar
a través del espejo acusador.

Solo dentro de tus pestañas
encierras tu vida
que pretenden envolver de vergüenza y pecado…

Tus pestañas son tu salvación…
tu guarida.

Solo ellas te brindan la protección
de lo que tus ojos se niegan ver:
la ceguera de los que te miran…

Por fin llegas…
entre sutiles codazos te haces sentir,
con tu voz dulce, ronca y masculina
que suplica… ¡En la esquina, por favor!

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