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Página de Inicio Argos Obra literaria de Germán Rizo Cuando el corazón manche

Cuando el corazón manche

Por German Rizo

la última palabra que muerdo
en tu lámpara sembraré
el vicio de la noche
Brotará la semilla

el reino tormentoso
Ni una frase encadenará la estrella
Todo lo que me quema
sostendrá
ese diálogo nuestro en los cristales

Y llegas

con la sed de un pájaro
que habla en silencio
lamiendo la quietud
penetrando
en latidos de guerra
Centellar de besos
inmóviles murmullos
suspendidos
en los confines de mi boca


De mi insomnio

la sed que se esconde
lo ausente del pánico
levanta el naufragio mecido en el júbilo
y los arcos

Teje esa arrogancia
en su trastorno de tormentas
donde el velo sella tu sombra
lo plomizo de la soledad
en su cosecha de faros

Unifica el drama
del sol
ese vagar sigiloso en la penumbra


En mis manos tu desnudez

crezco en cada rincón de tu piel
cuando la penumbra muerde mi sombra
Eres tormenta
nido de voces
la que abraza el milagro de esta luz
Y vas en el temblor de las miradas
en lo tibio del vuelo
tejiendo otra soledad
inventas la noche
la sed que cuelga en la fiesta de la lluvia
Y voy en el otoño
bordando en el luto de las hojas
un edén de palabras


Quédate sombra perversa

en el pánico de los pájaros
espesura piadosa labrando los lamentos
y en las aguas
su aleteo sagrado

Quédate fragmento de fuego
arremolinas
la sangre vertida
en el manantial de mis venas
impulsando la gota
que clama en los jirones

Quédate hambre que siega
el cansancio de los astros
Llena mis ojos
polvo que dicta lo que escribo
y remueve estas cicatrices


Me sostiene la muerte

su ajedrez minucioso
ese mástil desamparado
y su péndulo verdugo
la sangre tejiendo mis cenizas

Inquisidora
enciende ese lago danzante
y quema la soga perpetua
ceñida a estas pulsaciones amargas

Arranca con tu lengua esta soledad
en tu cauce con mi tacto edifico
una dinastía de relámpagos


Eres la sombra de un libro

te conviertes en trazo
converso a contraluz
vas danzando sobre las respuestas
manchada de tinta
Ignorada
clavas tu oscura boca en mis versos
como una espina
en la agonía de la flor
Tu mirada detiene los vértigos ardientes
huellas que esconden
bajo este papel
un nombre pintado en líneas paralelas


Se gasta la luz

en mis ojos la demencia de la lluvia
clava su puñal
Tu mirada
silencio incesante sembrando dolores
llamaradas de ausencia
que azotan mi locura

Son escasas las noches
mis venas saltan en la hoguera
entierro tus palabras
en ese remolino que se abre
Reptil en mi espalda
huésped enroscado
quedándote en la sed

Me arrastra el reloj
me brotan las sombras
costuras desgarradas
Retorna la noche
cierra los ojos
tengo la muerte en rebeldía
soplando rebeldía


Llévame a esa ceremonia


al poema que sucumbe
en los abismos
llévame a lo tremendo
en la incertidumbre
de las palabras

Divina
abre los racimos
lo amargo del sol
ese movimiento posesivo del aire
donde bebamos el enigma de las arterias
y esa otra desnudez


Ritual de medianoche

Mírame ir
por las calles marchitas
como un soldado sin bandera
en la hora remota mírame
que la lluvia moja mi nombre
escrito en torbellinos de sangre
Bajo un farol espera mi cuerpo
circulando en la memoria
para decir te amo
Solo tus manos me conocen
En el silencio de tus besos
he encontrado el polvo
de los atardeceres de mi pueblo
Espero en el fuego de la lluvia
en la espalda de la soledad
en la noche que golpea
la primavera de tus ojos
aun cuando el olvido llegue
mis manos estarán en la batalla
Del aroma del mundo
nacerá una semilla y una estrella
Mírame ir    
para decir te amo


En mi saliva el polvo danza


y la lluvia
en el arrullo de los faros
la calle ramera de todos
sosteniendo
una huella
Y el temblor
que acude victorioso
labra mi pulsación
mi voz viento rebelde
relámpago
agrietas las hojas
que saltan en la herida irreparable


Medianoche

Ayer te escribí
tarde sería
cuando la noche
mutilaba el silencio
te nombre en las frases
prolongadas y agudas del recuerdo

Te escribí
junto a un cuerpo hurtado
con rasgos de melancolías

Escribí bajo una noche vaga
y tus formas
oscurecían la sombra de mi sombra


Respiro

la pregunta codiciosa
de tu nombre
la lluvia sonámbula y violenta
golpea las ruinas
de un tren en el olvido
Respiro el destello
de tu piel
en el lenguaje

Sabor de la nada
sabor ciego de ti
lujuria
hambre desértica de tu alma
boca húmeda
crecida
entre las voces de mi silencio


Madre arranca esta vestidura

apresada en el amparo
y cúbreme con ese ramo
de lámparas selladas en tus ojos
con esas mareas empuñadas
en tu boca velando esta muerte   

Ven sed ensangrentada
enrédame en la telaraña de tu pelo
el polvo sofoca
el cerco doblegado
Muéstrame la obra perpetua
en la fiesta de tu risa
y deja que ese coro de abanicos
me traiga tus olores

Madre enséñame tu pena
el fruto de tu polvo
las alas que florecen al viento
el sol quemará mi sangre
el hambriento mar de mi agonía 


Renaces

en ese sonar de campanas
en el tropel gozoso de los pinos

Madre une tu grito
a las cuerdas del viento
y entra mansa
a la claridad de mis ojos
Renaces incierta
en el resplandor de batallas
en esa lucidez endurecida
que redobla este fervor

Cautivo llevo este alimento
el dolor que me aterra
este vacío llenando
el desenfreno
que acaricia mi soledad

Madre alimenta con tu pan
la sangre que ondula bajo el llanto
y reposa en mis llagas de luto
este sudario de tristezas


Cada noche

me acuesto en la boca
extraña del silencio
también la luna
sangra su soledad

Sopla el sabor de la lluvia
mi desamparo
el verso que gira en su ojo

El miedo se levanta de su tumba
y salva el espanto de cada noche
esos desfiles feroces del aire
en el milagro de las sombras


Hoy tienen mis ojos

un clavo en su jardín
alrededor de la hierba
un epitafio
Debajo de mis ojos
estrofas desnudas
y una mañana sin dolor

Detrás de una flor se pierde la noche
y el corazón
en el frío que arrastra
su tristeza 

En la calle
demasiados pasos
reman al cruzar


Me miro en las cenizas


de ese espejo
oscuro túnel
de imágenes inventadas
El ruido del dolor se posa en mi voz
huyo de las páginas blancas
de mi silueta líquida
Me refugio
en la gratuidad de tu sexo
Cuelgo la nostalgia
al amparo de tu sangre
en esa corriente donde hurgo
infeliz
estoy en el fuego
en lo masivo y perverso afilando
mi rabia


Libélula

Diminuta mujer
en mi ojo izquierdo
no logra sostenerse
se balancea
papel al viento
que nunca cae

Bella como el verso
en la boca
sostiene
coros de voces
recorriéndome
perversa
frágil en los reflejos
bordando un mar

Rápido jadea
diminuta bailarina
danzando en la fortuna de mi ojo


No soy quien escribe

soy el despojo
de un cadáver pensativo
que sucumbe contra las piedras
enlazado a la huella infeliz
de la tormenta

Soy la palabra en su laberinto
que lucha
contra el lenguaje soberbio
de los hombres
que busca un pedazo de agua en la semilla
Ola que pierde su canto
en lo inagotable del silencio

Soy el minuto en llamas
oculto
entre el ardor y la muerte


Hasta que la noche


hilvane un corazón
y la sangre sea un navío
donde estallen los cauces
y el miedo
suene en las campanas
y mi patria caiga
como un pájaro sordo
en el clamor de la tempestad

(De: Bajo la sombra del corazón)

 

Bajo la sombra del corazón

(Fragmento del prologo por Odalys Interian.)

Una sombra... Todo el infortunio del mundo, y encima mi amor, como un animal desnudo. Con esta cita de Paul Eluard, Germán Rizo abre su libro. No necesitamos saber más, entre sombras, infortunio y amor se escriben estos versos. Germán es de esos poetas que entienden la poesía como ejercicio de salvación, sus versos justifican la vida, embaucado como si escribir fuera el “todo” del deber del hombre, es de esos poetas que entran en ella para siempre quedarse.
Bajo la sombra del corazón es un canto al amor y a la realización en el otro. Poesía emotiva, sensorial, táctil, versos hechos para el paladeo y la alabanza. Con sobriedad y una eficacia expresiva, con un texto plural y armónico, nos revela alegrías, goces, pero también las angustias que nos acompañan. Vivencias propias o ajenas sucediéndose interminables.
Se vive cercado de sombras, algunas terribles, no hay maneras de escapar. Para el poeta no hay renuncia, sabe que es dura la contienda para sobrevivir en medio del caos y lo desconocido, entre esas sombras que enturbian y dificultan la convivencia y el diario suceder. El poeta es un equilibrista en concordancia con la vida, él,  el que resiste.
Para Germán, la palabra se convierte en el único modo de poder revelarse y revelar el mundo. El poema es un testimonio del suceder y de la búsqueda. Desde su inconformidad nos habla, el amor es la vena, el fuego sagrado que lo alimenta. Desde el silencio busca el enigma de la creación que el lenguaje poético encubre. Desde la palabra y entre sus múltiples significados se encierran las formas simbólicas que alimentan ese silencio y lo trascienden. La poesía necesita del silencio, para fructificar allí, donde el tiempo se anula en la virtualidad del lenguaje. Poesía que se va haciendo con las cosas sencillas y simples y con las grandes nimiedades de la vida también; miedos, llantos, nostalgias, desesperación y ausencias.  
Poesía que recoge lo cotidiano y quiere revelar todas las riquezas del ser en sus ocultas relaciones. Lección perdurable siempre, en ese diálogo donde la poesía es una eternidad inexplicable y única, donde el poeta celebra y se descubre.

 

 

 

 

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