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Página de Inicio Argos Obra literaria de Fernando Andrés Chelle Pujolar El cuento fantástico en el Río de La Plata

El cuento fantástico en el Río de La Plata

(La fantástica manía de contar)

Por Fernando Chelle

Narraciones breves que presentan personajes comunes y corrientes, en medio de situaciones cotidianas y verosímiles, donde irrumpen fenómenos extraños o sobrenaturales, inexplicables desde un punto de vista realista.

Dentro de las diferentes manifestaciones literarias que se han dado en ambos márgenes del Río de la Plata, el cuento fantástico es una de las más sobresalientes. Tanto Uruguay como Argentina han dejado en la historia de la literatura latinoamericana y mundial excelentes novelistas, poetas y dramaturgos, pero los autores de esta región del mundo más estudiados y que más han trascendido a nivel internacional han sido los cuentistas y, dentro de ellos, los que incursionaron en el cuento fantástico.
No es fácil establecer una razón por la cual este tipo de literatura se dio con más intensidad en el Río de la Plata que en el resto de América Latina, quizá no exista una explicación definitiva que aclare este hecho. Julio Cortázar, en una ocasión, expresó que posiblemente se debiera a que la realidad circundante de los países del Río de la Plata es mucho más pobre que la abundancia tropical de los países que se encuentran geográficamente más al norte. Es una posibilidad a la que tendríamos que sumar al menos otra, a mi entender de mayor peso, que es la de las influencias literarias que tuvieron los autores rioplatenses de comienzos y mediados del siglo XX. Entre las más notorias, e incluso reconocidas por diferentes autores de la región, se deben destacar la de los norteamericanos Edgar Allan Poe y Henry James (aunque este último escritor adquirió la nacionalidad británica casi al final de sus días); la del alemán Ernst Theodor Amadeus Hoffmann; la del francés Julio Verne; la del checo Franz Kafka; la del irlandés Charles Maturin; la del escocés Robert Louis Stevenson y la de los escritores británicos Thomas de Quincey, Ann Radcliffe, Mary Shelley, Herbert George Wells y Gilbert Keith Chesterton, entre otras muchas influencias de autores menos destacados.
La veta fantástica dentro de la literatura es tan antigua como la literatura misma. Si quisiéramos establecer el origen y el desarrollo de esta línea literaria tendríamos que remontarnos a los mitos clásicos, pasar por algunas manifestaciones literarias de la época medieval, continuar por las novelas de caballería, y detenernos también en algunos relatos románticos y góticos. Pero si quisiéramos teorizar sobre una línea literaria, que ha estado presente en todas las épocas y que abarca manifestaciones literarias muy diversas, tendríamos que preguntarnos qué es lo que tienen en común, qué es lo que emparenta por ejemplo un mito clásico con una novela gótica o con un cuento de Leopoldo Lugones. La respuesta a esta pregunta sería, la inquietante extrañeza. Las obras de carácter fantástico intentan mostrar una realidad distinta a la realidad histórica reconocible. Los hechos y fenómenos que se cuentan dentro de la literatura considerada fantástica van a contrastar con las leyes naturales, no van a imitar la realidad, sino que van a crear otras realidades alternativas que van a superar, a sobrepasar lo verosímil o reconocible como real. Claro que esos elementos sobrenaturales van a ser muy diferentes en un texto de carácter mitológico a los de un texto de la civilización actual, donde la explicación de esa “otra realidad” no va a tener una respuesta vinculada a lo divino sino a lo racional y científico, siempre y cuando exista una respuesta. Esto ha llevado a que diferentes teóricos de la literatura se hayan visto en el trabajo de delimitar el campo de lo fantástico, de establecer una definición más precisa de un término que, como ya se dijo, ha sido utilizado para señalar obras de estilos y características muy diferentes.
El cuento fantástico que se dio en el siglo XX en el Río de la Plata se caracteriza por ser una narración breve, que introduce en medio de una ficción de carácter verosímil elementos sobrenaturales. Son ficciones que presentan personajes comunes y corrientes, que se mueven dentro de situaciones cotidianas en las cuales irrumpen, de alguna manera, fenómenos extraños o sobrenaturales que no se pueden explicar desde un punto de vista realista. Son textos que impresionan al lector, que lo hacen dudar entre respuestas realistas o fantásticas, aunque en última instancia deberá volverse cómplice de la ficción y aceptar como única verdad la que impone el relato.
Tzvetan Todorov, en su estudio de 1980 Introducción a la literatura fantástica, se ocupó de caracterizar y clasificar los relatos con características fantásticas, para eso, los dividió en tres categorías:
En primer lugar, se refirió a “lo maravilloso”, esto es, cuando frente a un hecho sobrenatural se aceptan nuevas leyes de la naturaleza como explicación. Luego menciona “lo extraño”, que sería cuando el hecho sobrenatural es explicado a partir de la racionalidad. Lo extraño, dice el autor, reside en la experiencia inquietante que se vive cuando algo familiar para nosotros se convierte en desconocido; pero al final, en los cuentos extraños se aclara el error de la quiebra de la realidad. Finalmente “lo fantástico”, Todorov lo vincula con una ruptura en la trama de la realidad cotidiana. La normalidad se quiebra porque se produce un acontecimiento extraordinario, se crea un conflicto entre hechos que se consideran verosímiles y hechos que se consideran irreales. Al finalizar el relato fantástico no sabemos exactamente qué ocurre, ni si el conflicto está solucionado y terminamos percibiendo el fenómeno como inexplicable.
Uno de los rasgos característicos de los cuentistas fantásticos, aunque no se da en todos los relatos, es la utilización del narrador en primera persona, este es un recurso que apunta fundamentalmente a que el lector le dé crédito a lo inverosímil de las narraciones. En cuanto a los temas más recurrentes de estas ficciones, encontramos: el sueño y la realidad, las metamorfosis, los viajes en el tiempo y en el espacio, las desviaciones mentales, los problemas psicológicos, entre otros temas menos frecuentes.
Los lectores de Calle B podrán leer en ediciones anteriores algunos artículos, donde he trabajado con cuentos fantásticos paradigmáticos de autores rioplatenses: “El almohadón de plumas”, de Horacio Quiroga, “Muebles: El Canario”, de Felisberto Hernández; “El Aleph”, de Jorge Luis Borges y “Continuidad de los parques”, de Julio Cortázar.

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