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Página de Inicio Argos Obra Literaria de Marcela Predieri 

Repensado

Por Marcela Predieri

Ahí está Eva
hueca del aliento
de la deidad

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Hay que ensuciarse los ojos

a los represores de mi Patria


Hay que ensuciarse los ojos
y ver sus cuellos que se arquean
a besar la muerte

Hay que mirarlos
como árboles amarrados a sus huérfanos
entre el polvo y las barajas

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Nadie me verá de espaldas

Huérfana de cautela o ceremonias
voy hacia el génesis
Ya no hay razón para maniatar al grito
atrincherar la verdad tras una mueca
ser escrupuloso títere del hambre
un selecto imbécil del silencio
Por eso me revelo
trasmuto con terquedad de hormiga
todo antiguo anonimato
La mano del juego comanda los destinos
y me invita a no irme al mazo
Hay cuatro barajas sin jugar
una es la muerte


Marcela Predieri

La noche de la caridad

Estoy fumando un cigarrillo
en el umbral de una casa que no es mía
mientras miro al helicóptero
que patrulla las calles a mil dólares la hora

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Desaparecido

Todavía sangra entre las baldosas
la mano del último gesto
esa historia cotidiana
de espanto y levadura
un olor quizás ajeno
a la nariz de la tarde
Mientras hombres en fardo
abotonan insignias en fiesta de tenazas
el sol recuesta su cansancio
cara al pueblo
(hay algo absurdo
en los nudillos apretados de los débiles)
Hermano intacto:
tu nombre aún late
bajo el cobijo de la ausencia


Marcela Predieri

Invierta un hijo  (fragmento)

Soy gemelo a mí mismo en otra muerte
un salto al infinito vacío de sus ojos
un pájaro lleno de silencios
Sólo la noche
hembra madre del destierro
nos devuelve al seno del cansancio
Estoy desfigurado de mi ser
Hoy el cuervo acelera los retornos
Yo
espejo en los ojos de aquellas madres
que recibían a sus muertos
vi bajar en guirnaldas
de los trenes cuerpos enhebrados
Ya no asustaba a las vecinas
que en los ataúdes sembraran crisantemos
Era setiembre en casa de mi padre
Y las mujeres cargaron sus semillas
Recuerden
he enterrado
esa desesperación incesante de volver sin mí
Estoy en cópula con las llaves del infierno
Mirame
Yo sabía del aroma de azahar en los naranjos 
Pero estoy muerto
y he visto el rostro de Dios llorando sangre
Dame Señor un poco de tus náuseas
un poco de tu llanto o tu vergüenza
El tiempo cauteriza el hedor de la carne
pero hay una bestia en mí
insaciable de coágulos y exilios
Ante un sol verdugo afiebrado de sentencias
la guerra zurce prolija nuestras llagas
No sé si pueda recordar


Marcela Predieri

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