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Página de Inicio Argos Obra Literaria de Jorge Luis López Aguilar La patria es

La patria es

Por Jorge L. López

la luz de un dormitorio
los amigos hablando de la sombra
el bálsamo con que la noche nos alivia
una garganta blanca cantando suavemente
los lunares que pueblan una espalda
el pelo olor de lluvia que besamos
el miedo padecido
y una terca insistencia en la esperanza.


Para que una suicida no se aleje


Marsha Hillbrand, mujer, de veintiuno
que en Portland, E.E.U.U.,
se tira al vacío.

Toda su historia cupo en un epígrafe de foto;
y hoy, de lejos, la nombro
para que no se vaya.


de El Hombre del Bar, Ediciones del Grupo Roberto Arlt, 1979.



Ofrenda a la Pachamama

A Lidia Mendoza


Es agosto, y los hombres se desposan con la tierra.

Lo verde emerge por el mar de lo salado,
y un gusto a beso te descansa en el bigote.

Es agosto y no llueve, y no estás triste.

Alguien sacó la primavera de las piedras,
la ha regado con vino y te la ofrece.


San Martín y Bolívar conversando

Quién sabe la felicidad
fuera perder el acento castizo
reconocer la selva
rescatar el amor a esas montañas

Saber cómo se nombra
aquí en América
tal color de caballo
o cierta fruta

Mirando al mundo y escuchando una guitarra.


de Poemas, Ediciones del Grupo Roberto Arlt, 1983.


Machistas eran los de antes


A Gloria Arcuschin

Si estuvieras escuchando
mi pobre canción
diré que estabas jugando
con mi corazón

Cuenta una leyenda, conocida
en las planicies de Mongolia
y en Curuzú Cuatiá,
que había una vez un general
que llamó a los varones a la guerra,
invocando intereses geopolíticos.

Pero el labriego dijo:
“Yo no puedo ir ahora
que se viene el tiempo de cosecha”
y el soldado dijo:
“Si no hay paga, no voy”.

Entonces el general llamó a las mujeres
invocando su furia y el amor a la tierra,
y las mujeres se ataron
hijos y espadas a la cintura
y salieron a coleccionar corazones enemigos.

Mirá vos, las leyendas.


Alfredo Zitarrosa


Tu belleza es una forma de insolencia
esa proporción entre los ojos y la boca
cierta luz
que hace fácil creer que tu llanto no es salado
sino dulce como tus ojos y tu voz.

Sería lógico plantarse a cantar cerca tuyo
una serenata, un piropo hecho canto
como Homero
(o Discépolo), pero en lugar de Héctor
tus caderas
en lugar del cretino de Aquiles
tus ideas políticas.

Y también sería fácil hacerlo casi en joda.


Enrique Santos Discépolo

No doy un paso más,
alma perra que hay en mí



Si alguna vez se te nublara el corazón
(quiero decir, si se te nubla el corazón)
y sientes que el día de mañana ya no está
y que morirse liquidando el expediente
o desistir, son tus únicas salidas.

Si alguna vez se te nublara el corazón
y yo no estoy, o no te basto
y no hay ideal, ni piel
ni rabia larga que puedan sostenerte.

Ni Dios en que confiar
ni tierra a qué pertenecer, maldita sea.

Si se te nubla el corazón, igual que a mí.


de Cantor Secreto,  Ediciones Último Reino , 2006.

 

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