Estás muerto pero me vives…

Por Reynaldo Lacámara

Estás muerto pero me vives.
Muerto como la tarde que declina
y eleva una estrella desconocida.
Muerto como otro grano de polvo
entre manos
en lo que fue primero savia,
exultación o grito,
muerto con un furor
de sirenas ocultas,
con vapores marchitos,
rancios
entre un oasis de madréporas.
Expuesto en el quicio de los océanos,
junto a los bosques de oscura bellaza.
Gimiendo desde los fiordos
con sonido de pájaros fríos.