Tres

Por Marcos Silber


La pelirroja se para en medio de la pista 
como en el trono del centro del mundo. 
Los hombres susurran y ella lo sabe, 
por eso avanza las tetas, 

el mascarón de su proa. 
La rubia de pelito corto sonríe, 
los hombres susurran y ella lo sabe, 
por eso todo el tiempo sonríe 
con dibujo de tonta felicidad. 
La morena planta en la escena 
su cabeza de mar nocturno que perturba, 
y ella lo sabe. 
Los hombres apuntan 
al camino de seda negro de su pelo 
después que pone el cielo en el grito: 
“el que no se desnuda bajo la lluvia 
no juega; 
el que no trepa hasta la cocina de la pasión 
no juega. 
Vamos muchachos, vamos, 
hasta la victoria  siempre!...”

 

Un cabello apareció en el lavatorio; 
suficiente para interrumpir el inmaculado paisaje, 
suficiente para quebrar su casta blancura. 
Vaya a saberse qué asuntos lo afligían, 
qué pesadumbre lo abatió, 
porqué decidió saltar, vaya a saberse. 
Allí aparece ahora el moribundo, vencido, entregado. 
Pero no se exhibirá más de la cuenta 
su ya esmirriado cadáver. Alguien irá por agua 
y el desdichado rodará y entrará 
en tinieblas de abismos sin retorno. 
Un cabello. 
También fue vida. 
Es todo.

 

Lluvia

La lluvia es Dios. 
Con mano una de piedad 
y de furia la otra. 
Si la lluvia se retira 
la tierra abandona la tierra 
el mar cierra la boca 
y toda la palidez se cita 
para caerle a la soñadora del ventanal. 
La lluvia es Dios. 
Si se niega la lluvia 
encallan los barquitos de papel, 
ningún corazón se dibuja en los cristales 
y se queda sin bendición 
el pelo de las mujeres de la casa. 
Si se retira la lluvia 
cómo se lava el demasiado dolor del mundo 
y a la carne de la tontita 
echada sobre las lozas del patio 
quién la lava?  
Si se queda la lluvia, si no sale, 
se miran perdidos los amantes 
debajo del cinc difunto. 
Dios es la lluvia. 
Si la lluvia se retira 
qué será de la sin rostro 
que viene cada vez que agua 
y no sabe que canta para mí.