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Página de Inicio Alas de colibrí Obra para niños de Beatriz Actis La Pilaraña ataca por primera ¿y última? vez

La Pilaraña ataca por primera ¿y última? vez

Por Beatriz Actis

Cuando tiene hambre, la Pilaraña –que es un bicho horrible– silba. Ni abre la boca, ni le hace ruido la panza ni se le junta saliva entre los dientes. Silba para despistar. Siempre anda por ahí un Cascaroso distraído, de esos que a la Pilaraña le gustan tanto, y se para escuchar cómo la monstrua se silba un tango.
Entonces ella lo engancha del cuello del saco con una uña y se lo acerca a los anteojos, para estar segura de que es un Cascaroso en buen estado, y se lo come. Sin masticar.
Por suerte, todos los Cascarosos –grandes y pequeños, raquíticos, obesos, sabihondos e ingenuos, santafesinos, cordobeses, porteños y de donde fueran– han hecho el Curso Práctico de Supervivencia en Panza de Pilaraña.
Una vez tragado por la Pilaraña, el Cascaroso prende un fósforo mientras cae por el esófago y, ya en la panza, abre el manual de bolsillo con las principales instrucciones:
1.- Encender un fósforo.
2.- Abrir el manual.
3.- Leer el punto 4.
“Uf”, piensa el Cascaroso adentro de la panza.
4.- Tragar mucho, mucho aire y después soplar, en lo posible, en forma de estornudo.
Cascaroso estornuda y el fósforo se apaga. Todo es oscuridad y silencio. Hasta que empieza a oírse el retumbar de cascos de caballos, de soldados montados, de ejércitos… –Los Cascarosos tienen mucha imaginación–. Pero es la Pilaraña que empieza a reírse por la cosquilla interior. Y se ríe tanto, tanto, y abre tanto la boca para reírse que el Cascaroso trepa y salta, y ya está de nuevo en el mundo, sacudiéndose la ropa y acomodando en su bolsillo el práctico manual.
Después se escapa lo bastante lejos como para que no vuelvan a atraparlo así nomás.
Mientras tanto, a la Pilaraña se le pasa la risa y se pone a llorar.
Sacudiéndose las lágrimas, camina hasta el quiosco de la esquina y se compra un libro que se llama: “Cómo ser burlada por un Cascaroso y no sentirse pavota”.  
Se sienta en un banco de la plaza y se pone a leer.

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