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Página de Inicio Alas de colibrí Obra literaria de Isabel Acosta López Secreto

Secreto

Por Isabel Acosta

Yo no sé cómo se las arreglan, lo cierto es que cada vez que voy a bañarme siempre están ahí y me ayudan para que la magia haga acto de presencia; claro, con una maga como yo que

desaparezco los caramelos, las galleticas,  los refrescos y hago aparecer algunas lágrimas cuando no quieren complacerme, no podía ser de otra forma.
Les cuento, cómo soy una niña un poquito grande, mi mamá me deja bañar sola de lunes a sábado y los domingos me baña ella, pues dice que si no se puede guataquear en mis orejas; no entiendo que quiere decir con eso, pero me quedo callada, no vaya  ser que se ponga brava y quiera bañarme todos los días y entonces se rompería el hechizo; sí el hechizo que se produce cuando me subo en el muro del baño y con un pase mágico y muchos soplidos, logro se escapen por la ventana cambiándoles el color semanalmente.
Quizás este acto de magia mío también ustedes lo puedan hacer suyo, miren si es importante que una vecina mía aeromoza, las vio muy cerca de su avión y los pasajeros estaban fascinados; algunos comentaban que se podía aspirar su aroma ¿Será posible?
Me pregunto a veces si Gabriela las habrá visto, ella es mi amiga y quedó conmigo en traerme polvos de hada de su ciudad encantada ¿Acaso es la responsable de que vuelen tan alto porque les sopló un poco? No lo creo, pues vive muy lejos. Prometí contarle un secreto, que a nadie le he dicho, mucho menos a mi hermana que es un poquitín chismosa. El otro día la descubrí en la escuela, contándole a Marcia que me fajo con ella porque no quiere ayudarme a recoger los juguetes, también le contó a Karla que en mi casa hay que lavarse los dientes después de cada comida; mira que mi abuela le dice: “Niña las cosas de la casa no se hablan”, por eso cuando voy a meterme debajo de la ducha y me preparo para hacer mis pases mágicos, me encierro y  no la dejo entrar. Ayer casi me descubre, pues olvidé ponerle seguro a la puerta; cuando sentí su pito de lata acercándose recordé el mío de calabaza; lo había dejado debajo de la toallita de restregarme ¡Tremendo susto pasé! Por suerte nadie lo vio, anduve bien rápido y lo escondí; del otro no tenía que preocuparme pues siempre está a la vista de todos, sin ellos no podría lograrlo.
Saben, tengo miedo de que un día descubran que me baño con agua sola, porque el jabón lo utilizo en hacer muchisisímas… burbujas. 

Este cuento obtuvo Mención en el Encuentro-Debate Provincial de Talleres Literarios, Cienfuegos, 2014. (N. del E.)

 

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