Pintando

Por Isabel Acosta

Pinta de amarillo un beso,
de anaranjado las olas;
pinta de azul un cerezo
con magia de sus crayolas.


Pinta el curso de la brisa
rodeada de un arroyuelo;
pinta con alegre risa
las tibias canas de abuelo.

El anterior poema obtuvo un Reconocimiento en el Encuentro-Debate Provincial de Talleres Literarios, Cienfuegos, 2014. (N. del E.)


Día de fiesta

Amanece el día de fiesta
mece la ilusión un sueño,
está el sol todo risueño
mientras la luna se acuesta.
Yo te tengo una propuesta:
vayamos por los colores,
busquemos los ruiseñores
que cantan por el pinar
donde se puede pintar
el aroma de las flores.


El mejor de los pintores

Dice la maga “Dulzura”
que existen pinceles bellos
y a los que pinten con ellos
buena suerte les augura
y si alguno a  la ternura
le descubre sus colores
y a las frutas los olores
los atrapa en su pincel,
“Dulzura” dirá que es él,
el mejor de los pintores.


En brazos de la almohada

Siempre  en tu tierna figura,
cuando se queda guardada
en los  brazos de la almohada,
se vislumbra la ternura.
Ya no existe la premura
por juguete preferido
pues se ha quedado dormido
todo afán por explorar
y hasta tus ojos de mar
toman otro colorido.


Fantasía

Tu risa va despertando
lentamente a la mañana.
Duerme, descansa la nana
que te estuvo acompañando.
Va fantasía  rodeando
tu pensamiento ligero.
Es para ti lo primero
también lo más importante,
un beso en el mismo instante
en que se esconde el lucero.


Mensaje a ti

Alas de blanco papel
vuelan en pos del capullo
para dejar un arrullo
en un pétalo de miel.
Corro en busca del pincel
que esconde  la madrugada;
el iris de la alborada,
el tesoro de los sueños,
de los príncipes pequeños
que encuentro bajo mi almohada.


Princesa de mi castillo

Niña con ojos de mar
y de cabellos dorados,
luceros enamorados
te quieren acariciar.
Del cielo van a bajar,
Princesa de mi Castillo.
Iluminará  su brillo
de tus ojos el color
cuando Cupido el pintor
pinte de amor tu cintillo.


Trovando

Un lucero trovador
le canta al niño dormido
se asegura que Cupido
ha flechado su esplendor.
Quiere llenarlo de amor,
llevarle por las alturas.
Dice tener confituras
para compartir con él
y le envía en un papel
una de sus partituras.