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Romeo y Julieta en otra historia de amor

Por Gricel Alfonso

Llegaron a casa dentro de una bolsita de nylon un tiempo  después de irse Titusín y Titusina. Hacía unos meses que yo me había casado. Mi esposo también era profesor de Biología y  le gustaban

los animales, ambos compartimos el juicio, dada la  complicación con nuestros trabajos, de que  las mejores mascotas en  nuestro apartamento estarían dentro de  una pecera. Así, él los trajo a casa.
Ya había comprado una pecera de cristal, relativamente  grande para  nuestro apartamentico de Luyanó. Estaba sobre una mesita cercana al  librero. Se veía preciosa  con las plantas acuáticas, la lámpara,  los caracoles,  varios peces tropicales de colores y mejor aún cuando nadaron dentro de  ella la linda pareja de Guramis perla.
Me gustaba pasar rato y rato contemplando la pecera. Al llegar la pareja de Guramis perla, peces más grandes que el resto de los habitantes de nuestro acuario en ese momento, se les notaban las escamas  brillosas, pero de un color gris tenue, casi blanco, y se vislumbraban punticos más oscuros como si estuvieran llenos de perlitas, de ahí su nombre.
Desde que llegaron estaban muy pálidos los dos. Resaltaba en cada uno como un lunar negro justo encima de la lista, negra también, que era la línea lateral con función sensorial, a lo largo del cuerpo. Eso los distinguía. Estuvieron un buen rato en que apenas se movían, solo parecían vibrar las aletas pectorales para que se mantuvieran en el mismo lugar.
Cuando pasó un rato ya se habían adaptado a su nueva casa. Nadaban lentamente, y comenzaron a moverse juntos y con una elegancia tremenda. Al paso de los días el macho comenzó a  escoltar y cuidar a la hembra todo el tiempo. La cortejaba  continuamente. Empezaron a hacer nido para desovar, o sea, colocar sus huevecillos.
En ocasiones al nadar el macho, casi la envolvía, y comenzaban a oscurecerse hasta cambiar los dos a un color gris plata y lo que parecían perlitas, se acentuaba más. Él la iba rodeando como si la acariciara  con sus aletas. Pasaban todo el tiempo enamorándose. Se me ocurrió que compartían un amor como el de  Romeo y Julieta y desde ese momento comencé a llamarlos así.
Recuerdo que desde que crearon Radio Enciclopedia, una emisora cubana que enseña conocimientos científicos y cultura universal, mezclados con música solamente instrumental, adquirí el hábito y casi una adicción a  ponerla desde que llego a casa.
Lo cierto es  que  a partir de tener la pecera,  cuando ponía radio   Enciclopedia y observaba a mis peces, imaginaba que junto a todos ellos, Romeo y Julieta bailaban un ballet acuático donde, como pareja, eran las figuras principales del gran espectáculo.
Daba gusto y relajaba a cualquiera observar los  movimientos de la pareja  dentro de la pecera. Nadaban  con lentitud elegante, mientras parecían enroscarse uno dentro del otro. Era casi mágico observar cómo ahí, delante de mis ojos, cambiaban la intensidad y los matices del color de sus escamas imbricadas,  mientras Romeo cortejaba a Julieta acompañándola  de un extremo a otro de mi pequeño acuario de cristal.
Tocaba con mis uñas el vidrio y nadaban hacia mí con esa arrogancia espectacular en cada uno de sus movimientos. Romeo entonces avanzaba  hacia mí agitando  su par de aletas pélvicas modificadas  como si fueran hilos o pelos largos, casi plateados, muy finos y delicados. Parecía saludarme a través del cristal.
Julieta se mostraba más tímida, despacio, detrás de él, llegaba hasta mis uñas contra el cristal y enseguida se detenía para luego retroceder y colocarse de nuevo junto a Romeo. Por la forma de nadar parecían estar muy orgullosos de ser las estrellas principales de la gran danza coreográfica que se representaba en  la pecera. 
Un día comenzó a escasear en el barrio el alimento para peces, era un pienso en polvo que comprábamos. Buscamos por otras zonas de la ciudad, pero tampoco había. Había mucha sequía ese año y estaban en falta también las calandracas, unas lombricillas pequeñitas que les encantaban a los peces.
Escuché una tarde de sábado a  un vendedor ambulante pregonar junto a mi ventana, decía llevar alimento para los peces. Me asomé a la puerta, lo llamé y le compré. Eché un poco en la pecera. Estaban contentos y todos venían a comer. Julieta era muy golosa y tragaba sin parar mientras Romeo apartaba a los demás pececitos para dejar que ella se alimentara. Era muy atento y galante con su pareja.
A la mañana siguiente Julieta, flotaba  de costado sobre las plantas acuáticas en la pecera con un color extremadamente pálido, mucho más descolorida que cuando había llegado a casa. Abuela Yoya me decía que seguro había comido demasiado y se había embuchado.
Mi esposo comentó que quizás el alimento no estaba en buen estado. Hay personas inescrupulosas que buscan hacer dinero, sin pensar en que  uno cuida, protege y quiere a las  mascotas. Me sentí muy triste  con el inicio de este desencuentro. Julieta estaba tan rígida en la superficie, mientras Romeo la empujaba tímidamente  como si quisiera despertar a su princesa para invitarla a bailar su ballet de cada día.
Después, no pasaron muchos días  antes que Romeo comenzara a arrinconarse en la pecera. Comía poco. Compramos otra hembra, pero hubo que sacarla y cederla a otro vecino que tenía peces. Romeo la empujaba en lugar de ser galante con ella como lo había sido con Julieta.
Poco tiempo después, flotando en la superficie del agua de la pecera, inerte, encontramos a Romeo,  tan descolorido y sin brillo como habíamos encontrado a Julieta días atrás. Estuve tiempo sin deseos de contemplar el ballet acuático de mis peces tropicales. Luego, comprendí que el ciclo de la vida es complicado y no se detiene y uno tampoco puede detenerlo.
Los amores de una u otra forma comienzan y concluyen. Las mascotas y las personas que queremos desaparecen de nuestras vidas. Los demás peces estaban ahí, yo debía cuidarlos con el amor de siempre, las mascotas no suelen escogernos a nosotros, somos nosotros quienes las traemos a convivir en nuestro hogar para cuidarlas y también aprender de ellas.
Desde entonces cuidé de varias peceras y de muchos peces y al contemplar cómo nadan, disfruto siempre de su ballet acuático, como de costumbre, con  Radio Enciclopedia de fondo musical, pero no puedo desprenderme del  nostálgico recuerdo de aquel  lindo romance de mi pareja de  Guramis perla, los  elegantes y amorosos  Romeo y Julieta.    

Este cuento pertenece Historias reales de  encuentros y desencuentros (Parte I: Mis mascotas). (N. de la A.)

 

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