Romancillo del hada

Con raro hechizo,
con tierna magia,
transforma todo
sin una vara.
Al sortilegio
de la mañana
como un palacio
deja la casa.
Cose que cose,
lava que lava;
sus brazos vuelan
sin tener alas.
En flan convierte
la espesa nata,
de chocolate
tiende la capa.
Revolotean
sus manos albas
tras los capullos
de rosas blancas.
Si un mundo sueña,
un mundo alcanza
con el prodigio de su palabra:
manso arroyuelo
de su garganta
cuando aconseja,
cuando regaña.
Y por las noches,
junto a mi almohada,
de su regazo
los duendes saltan.

Poema de El libro de los conjuros

Silvia Valdés