Pintores locos

Por Orlando V. Pérez

De aquel barco de papel
que nace en una canción
se mete en el corazón
ese niño-timonel.


La acuarela es siempre fiel
para pintar la alegría.
Por eso la luz del día
tiene todos los colores
de unos chiflados pintores
que meriendan fantasía.


El gran coro

Cantaban a dúo
sin son ni soltura
Señora Cigarra
y Lagarta Lula.
Después se hace un trío
(mejor, una bulla)
cuando Grillo llega
y aumenta la suma.

Con Don Rana-Toro
el cuarteto es rumba,
aunque ya un quinteto
es más que una bulla,
cuando entra a cantar
Esperanza Cuca.

Y un coro gigante
se formó en la jungla
que cortaba el borde
de aquella laguna.

Pero Niño-Duende
bajó de la Luna
y llamó a Sinsonte,
el de voz más culta,
a fin de aplacar
la gran chifladura.

Del ave canora
la misión fue dura:
a todos metió
por aro de música.

Y el coro más bello
que dio la espesura
dirigió Sinsonte
con una batuta.


El curamami

La mami se le enfermó,
parece que de tristeza,
y él apoyó la cabeza
en su pecho, y la abrazó.

De la escuela le contaba,
y también de la cocina
traía la medicina
que el médico recetaba.

La mamá mucho mejor
se puso, ¿quién no lo entiende?,
si probó de Niño-Duende
la medicina de amor.