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El Pájaro y la Llama

Por Elizabeth Álvarez

La Computadora General había dicho: “Hay que eliminarla”, y el hombre de ciencias obedeció al pie de la letra.
-Encierren a la Memoria en el foso del Olvido, allí estará resguardada por los doce leones ancestrales y no habrá quién la libere. Yo seré la memoria del mundo.
Llevaron a la dulce muchacha, menuda, pero de postura firme, la soltaron en una mazmorra sombría con rejas inmensas, guardada por leones hambrientos; alimentados solo con murciélagos encandilados que caían en sus garras.
Una vez encerrada la Memoria, la humanidad empezó a padecer de olvido, los más débiles comenzaron a sufrirlo, pero a medida que pasaba el tiempo, los científicos y profesionales olvidaban sus trabajos; no sabían qué hacer con nada; la Computadora General quedó encendida, pero ya nadie sabía para qué estaba allí y ninguno obedecía.
La humanidad no recordó el petróleo como fuente principal de energía y los pozos lo vertían sin que nadie le diera utilidad, ya los carros no se movían, todas las industrias se pararon por falta de combustible y dirección. El hambre comenzó a embestir y hasta el mismo fuego se extinguía.
El Pájaro de la Alegría lo ignoraba todo, pues había ido al Monte del Restablecimiento a reparar sus colores y afinar su voz; allí lustró con tintes de la naturaleza cada una de sus gamas e hizo gárgaras de rocío de la estratosfera para armonizar aún más la melodía que cura, rectificó su trino y al cabo de un prolongado tiempo salió a volar, pasó por el campo antes poblado de animales y siembras y ahora lo vio desierto, se fue al pueblo más cercano y lo observó: era una ciudad llena de dormilones que al oír su trino revivían de momento, pero al instante lo olvidaban.
-Algo está sucediendo –se dijo el Pájaro-. A la gente le falta voluntad.
Voló lejos, hasta donde estaba ella, y la encontró en un estado tal, que suspiró:
-Mi hermosa amiga Voluntad, ¿dime qué sucede?
-Han encerrado a la Memoria en el foso y yo sola no he podido rescatarla, esos leones son gigantes y están hambrientos, nadie me sigue, pues ninguno se acuerda de mí al faltarle la memoria.
-En realidad yo tampoco sé cómo sacarla de ahí.
-Iremos de nuevo al pueblo y nos ayudarán, la humanidad se ha caracterizado siempre por eso, ayudan en momentos de extrema aflicción.
La Voluntad montó en el cuello del Pájaro y fueron a la ciudad, hubo como una resurrección de espíritus olvidados, pero nadie fijó los vocablos que el Pájaro y la Voluntad dijeron:
-¿Quién fue el de la idea, querida amiga?
-La Computadora General dio la orden y ahora nadie sabe cómo hacerla funcionar, los científicos que la concibieron, ya no recuerdan nada, ni para qué sirve.
Alzaron el vuelo de nuevo y fueron donde un grupo de hombres vestidos de un blanco sucio, les hablaron de la Computadora y por toda respuesta obtuvieron un: “No sabemos de qué hablan”.
Se dirigieron hacia la Computadora misma, que estaba en un cuarto inmenso, allí había muchas pantallas como de televisores y miles de pulsadores.
-¿Dónde apretar? ¿Qué respuesta habrá?
La Voluntad hizo un ejercicio de concentración, se quedó estática, con los ojos cerrados, las palmas de las manos pegadas a los muslos, los pies muy juntos, y la cabeza erguida; parecía que iba a dar el gran salto en una olimpíada.
Después de permanecer allí unos treinta interminables minutos, se dirigió a la Computadora, resueltamente, se paró de nuevo, volvió a pensar y tocó cinco botones de distintos colores: violeta, azul turquí, azul, verde y anaranjado; la Computadora hizo ademán de funcionar y encendió luces en diferentes monitores; luego, otro esfuerzo de la Voluntad y apretó dos botones: uno amarillo y otro rojo, los que completaban los tonos del Arcoíris y en el monitor de la Computadora apareció este mensaje: “Pregunten”.
La Voluntad volvió a oprimir las teclas en el mismo orden y preguntó:
-¿Cómo sacar del foso a la Memoria?
-Llevarán la llama olímpica que aún arde, e inmediatamente la pondrán delante de los leones; solo esa llama es capaz de dispersarlos, apresúrense, pues el factor sorpresa es decisivo, ellos arremeterán enseguida.
Con la misma Computadora averiguaron dónde se habían efectuado los últimos Juegos Olímpicos.
El Pájaro brilló más en lo alto de las montañas cuando se alejaron.
Ya había transcurrido una semana y nadie los recordaba, llegaron con la llama en una antorcha, la Voluntad venía desfallecida, hablaron con el pueblo, este en un acto de supremo brío, tomó la llama. Corrieron hacia donde habían llevado a la Memoria, bajaron por un subterráneo estrecho, pero el fuego olímpico hizo el día, en aquellos negros muros; los leones huyeron al primer destello y en un arranque de humanitarismo, destrozaron las rejas.
La Memoria salió a ciegas, sin saber a dónde ir. Ya estaban con la Memoria y recordaron todo, la tomaron en brazos y subieron a tierra firme.
Ya una vez restablecida la memoria del mundo, se pusieron a trabajar y nunca más dejaron que una máquina pensara por ellos.
Luego fueron a la plaza e hicieron un monumento, donde está el Pájaro de la Alegría, volando sobre el pueblo, y la Voluntad y la Memoria cabalgan en su cuello.

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