El vagabundo

Por Yudier K. Cruz

Ahí va y viene el vagabundo por las calles estrechas que tienen baches como las flechas mal hechas. Arrastrado anda el pobre sin lugar adonde ir, ni donde dormir. Se acuesta en los callejones donde los ratones se aprovechan para revisarle el cuerpo entero como agentes privados. Pone la cabeza dura en los palos de la basura, y en todos lados ve un plato de arroz con carne de pavo asado. La mañana lo despierta y lo atrapa una luz que lo atrapa y lo levanta en un dos por tres. Apenas sale a la calle, todo el mundo lo desprecia como si fuera una bestia de ojos dormilones. Y le dicen frases maliciosas:

—Vagabundo, vete a tu casa, tú no vales nada.

—Ojalá te mueras hoy mismo —le dice una mujer desde la otra acera.

Pero él sigue sin mirar a los lados; del hambre inútil que lleva encima ve todo doble. De momento se cae y se da un golpe estruendoso en la cabeza. Al caer regado en el piso, una lágrima transparente le besa los labios resecos.

 

Finalista en el Encuentro-Debate Nacional de Talleres Literarios Infantiles. (N. del E.).