En el Escambray una palma se mecía

Por Yulkie Sánchez

En el Escambray una palma se mecía
entonando con sus pencas, melodía
antigua, de guateques campesinos.
Mientras su ritmo surcaba los caminos,
anidaban en naranjos los sinsontes,
los majaes se cruzaban por los montes,
las palomas revestían las sabanas,
las jutías balanceaban en sus lianas,
los totíes perseguían caminantes.
Pobladores, animales, visitantes
admirados con el canto de la palma,
embriagados con la música y la calma,
exclamaban que otro canto no existía
―¡tan hermoso!― como aquella melodía
campestre, de acordes tan divinos,
que hacía despertar sublimes trinos.
Y convertido en magia el horizonte,
era una dicha andar por aquel monte
insuperable, en la zona más cubana,
que vestida de palmas se engalana.