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Página de Inicio Alas de colibrí Obra para niños de Yulkie Sánchez Molina El secreto de la abuela

El secreto de la abuela

Por Yulkie Sánchez

Los ancianos, como niños,
regresan hasta la infancia,
y  cuando parten al Cielo
llevan abiertas las alas.

Dedicado a los enfermos de Alzheimer

¿Hay que sacar a la abuela
de vivir en nuestra casa
porque está loca, tan loca
que parece papagaya
rezando a todos los santos
de la noche a la mañana?
¿Que tiene manos de bruja
y un volcán en la mirada?
¡Hermana, por Dios, hermana,
cuántas crueldades no tramas!
¡No la pondré tras la reja,
ni la amarraré a su cama!
Si te molesta la abuela
porque su agua derrama;
si es tu pena por los nobles
que visitan nuestra casa,
y son testigos inquietos
de su demencia y sus faltas…,
más vergüenza siento yo
por la forma en que la tratas.
Si ya no quiere peinarse,
su cabellera de plata
se la regaló la Luna
el día que se casara.
¿Por qué tus nobles amigos
no dirigen sus miradas
a las flores del jardín
que nuestra abuela plantara
cuando no habías nacido,
ni era su casa: tu casa?

Tú que naciste bendita
presumes tus manos sanas,
pues no dejaste en las pierdas
los colores de tu alma,
como lo hizo la abuela
cuando lavaba y lavaba,
y entregaba a la corriente
de los sueños la esperanza.

Ven, yo te contaré
la historia que me contara.
Tú nunca hubieras nacido
de no ser por su fe grata,
pues tu padre no quería
tener una hija bastarda;
y abuela sacó a tu madre
de la miseria en que estaba,
y aunque no lleves mi sangre
me obligó a llamarte: ¡hermana!

Esa medalla en tu pecho
la compró con las ganancias
que dejaban sus tejidos
y el fino de su puntada,
y la llevó a bendecir
con agua santificada:
de rodillas, a los ángeles
le pidió que te cuidaran.
Y yo la vi trasnocharse
cada noche que afiebrabas.

El tiempo ha de marchitar
la palidez  de tu cara;
¡y reza a Dios por piedad!
para que envíe a tus faldas
nietecitos compasivos.
¿Por qué estás llorando, hermana?
Al decirte esta verdad
he faltado a mi palabra.
Y si buscas en la historia
―vieja historia de esta casa―,
comprenderías mejor
por qué la abuela besaba
por costumbre de sus besos,
ambos lados de la cara.
¡Es española la abuela,
su padre vino de España!

La abuela niña reía
al platicar con las plantas.
Así aprendió la costumbre
de hablar sola ―que te enfada.
¡No ha sido fácil su vida!
Y creo que no hace falta
que relate con detalles
sus numerosas desgracias.
La abuela no tuvo hijos.
Esos hijos que criara
eran niños que las gentes,
por pobres, abandonaban.
¡No sientas vergüenza, hermana!
Yo también soy de esos niños
que la abuela rescatara;
jamás conocí a mis padres.
¡Pero eso no me amarga!

Yo iré a buscar ropa limpia
y prepararé su cama.
Le contaremos un cuento
como ella nos contaba,
y la veremos dormir
como reina, como santa.

Tomado del libro Gota sobre gota (Ediciones Kumá, 2018). (N. del E.)

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